Porque ya no basta con controlar el relato, las televisiones públicas, los entes reguladores y media España. Ahora, cuando las críticas arrecian, desde Moncloa activan el modo “padre emotivo”. Y lo hacen con la misma delicadeza que un elefante en una cristalería: enviando a sus acólitos una foto antigua de Pedro Sánchez torso al aire, besando tiernamente a su hija recién nacida.
Sí, han leído bien. En lugar del argumentario habitual (“la derecha miente”, “es lawfare”, “Franco”, “ultraderecha”), esta vez el WhatsApp de los fieles llegó con una imagen vintage: el Sánchez joven, sin camiseta, en plan padre primerizo que sostiene entre sus brazos a la pequeña Ainhoa. Y los mismos de siempre, como si les hubieran pasado el guion con “copia y pega obligatorio”, se lanzaron a competir por quién escribía el texto más empalagoso:
“La niña que un día sostuvo entre sus brazos ha terminado una etapa muy importante de su vida. Ayer vimos a un padre emocionado, como el día que la sostuvo por primera vez.”
Qué casualidad. Todos recordaron la misma foto al mismo tiempo. Todos usaron casi las mismas palabras. Es como si el argumentario hubiera mutado en concurso de cursilería obligatoria. Y el que no participara… bueno, ya se sabe: te quedas sin invitación a la próxima comida de Moncloa.
Lo más llamativo no es la foto en sí. Cualquier padre tiene una igual en el álbum familiar (aunque pocos la suben sin camiseta para que se note lo en forma que estaban en 200X). Lo realmente patético es el uso cínico de la intimidad ajena como escudo propagandístico. La hija, que ya es una adulta graduada en una universidad británica y que hasta ahora había vivido con un perfil bajo, se convierte de repente en munición emocional. “No me critiquéis por ir a su graduación, mirad qué padre tan bueno fui cuando ella era un bebé”.
Es el colmo del autobombo. Cuando las cosas van bien, la familia es privada y hay que respetar su intimidad. Cuando las cosas se ponen feas (esposa con problemas judiciales, viajes con autorización del juez, críticas por el timing de la graduación), entonces sacamos la foto del bebé, la distribuimos desde arriba y ordenamos a la tropa que llore en las redes.
Qué sadismo tan refinado, por cierto. Obligar a tus seguidores a competir entre ellos para ver quién demuestra más servilismo emocional. “Mira qué padre tan sensible soy”, parece decir el mensaje subliminal. “Y si no te conmueves con esta imagen de hace más de veinte años… es que odias a las familias, a los bebés y al amor paternal”.
En cualquier otro país esto sería material de sátira fácil. Aquí se ha convertido en estrategia de comunicación de un gobierno que, aparentemente, ya no tiene nada más que ofrecer que fotos antiguas de su líder semidesnudo con una criatura en brazos. Mañana nos mandan la del primer diente. Pasado, la del primer paso. Y si seguimos así, dentro de nada tendremos un hilo oficial: “Pedro Sánchez a lo largo de los años: padre, estadista y hombre de Estado… con seis pack”.
Lo más triste de todo es que la foto, en condiciones normales, sería solo una imagen entrañable de un padre joven. Pero cuando se usa como arma política para tapar críticas legítimas, deja de ser ternura y pasa a ser propaganda de manual. De la peor.
Ya era lo que nos faltaba por ver: que el Gobierno de España necesite desenterrar instantáneas familiares de hace dos décadas para recordarnos que su líder “también es humano”. Si esto es lo que queda del argumentario… apaga y vámonos. O mejor, sube otra foto. A lo mejor con el perrito de la familia también. Así completamos el pack emocional y podemos seguir hablando de todo menos de lo que realmente importa.
Se ve que ayer enviaron desde Moncloa, en vez del argumentario habitual, una foto, con el fin de que improvisen y compitan para mostrar su servilismo. Cuánto sadismo. pic.twitter.com/pMREGAI9Cj
— Fernando Navarro (@CsFernavarro) July 11, 2026


























































