Imagina la escena: un barco naranja dispara chorros de agua contra un puente de acero en Holanda mientras un tipo con chaleco reflectante explica, con cara de “esto es el fin”, que hay que enfriarlo porque el calor extremo del cambio climático lo está poniendo en peligro.
El tuit lo firma Marco Lambertini, @ConvenerNatureP, y viene con el hashtag #ClimateChange y el lema “El futuro que queremos”.
Traducción libre: “Temed, mortales, porque los puentes se derriten y solo yo sé cómo salvaros… siempre que aceptéis mi agenda”.
Porque, claro, cuando uno revisa su bio oficial, no está ante un simple ecologista preocupado. Está ante un globalista de manual:
- Convocante de la Nature Positive Initiative
- Ex Director General de WWF Internacional (2014-2022) y Enviado Especial
- Ex CEO de BirdLife International
Todo envuelto en el bonito envoltorio de “un futuro Nature Positive y equitativo”.
Today in the Netherlands they have to splash water on steel bridges to cool them down and avoid damage from the extreme heat.
— Marco Lambertini (@ConvenerNatureP) June 27, 2026
The costs of extreme weather are grossly underestimated now and in the future.#ClimateChange
The future we want pic.twitter.com/aCYLYtAPEK
¿Traducimos? “Nature Positive” es el nuevo marco global de biodiversidad que pretende que los países renuncien a trozos de soberanía en nombre de objetivos supranacionales. “Equitativo” suele ser el eufemismo que usan las élites de Davos y las grandes ONGs para decirte que vas a pagar más impuestos verdes mientras ellos siguen volando en jet a las cumbres donde deciden cómo va a ser tu vida.
Y ahora este señor, con ese currículum tan internacional y tan poco “local”, nos suelta un vídeo de un puente siendo regado y nos dice que los costes del tiempo extremo están groseramente subestimados.
¿De qué calor extremo hablamos exactamente?
De unos 27-30 °C. En Sevilla eso es un martes de junio con brisa. En Texas o Arizona es “mañana fresca para salir a correr”. Pero en el universo Lambertini-WWF cualquier temperatura que permita a un holandés ponerse en manga corta ya es prueba del apocalipsis.
Lo que el tuit no cuenta (y los comentarios de gente que sí sabe de puentes sí cuentan) es que los holandeses llevan décadas regando ciertos puentes de acero, especialmente los basculantes de los años 30 y 40. El acero se dilata, los mecanismos se pueden atascar, y la solución práctica y barata de siempre ha sido echarle agua. No es una medida de emergencia climática de 2026. Es mantenimiento rutinario de infraestructura antigua que nunca tuvo juntas de dilatación pensadas para el siglo XXI… ni falta que hacía, porque 30 grados no derriten acero (eso pasa a partir de unos 400 °C, por si alguien se lo preguntaba).
Pero Lambertini no está vendiendo ingeniería. Está vendiendo miedo.
Miedo para que la gente acepte que el único camino es más gobernanza global, más “iniciativas positivas”, más tratados internacionales y menos control nacional sobre energía, agricultura o industria. Porque si el problema es “el clima global”, la solución tiene que ser “global” también. Y casualidad: las soluciones siempre pasan por organizaciones como las que él ha dirigido toda la vida.
Es el truco clásico:
- Tomas un hecho cotidiano (un barco refrescando un puente viejo).
- Lo presentas como prueba irrefutable del fin del mundo.
- Ofreces como única salvación tu marco global “equitativo y nature positive”.
- Repites hasta que la gente asocia “cualquier problema = culpa mía + necesito que me gobiernen más desde arriba”.
Mientras tanto, en el mundo real, los puentes holandeses siguen abriéndose y cerrándose, los texanos siguen conduciendo por puentes que aguantan 45 °C sin que nadie los riegue, y la gente de a pie sigue preguntándose por qué los que más viajan en avión y más cumbres globales organizan son precisamente los que más pánico climático siembran.
Así que la próxima vez que veas un tuit de Marco Lambertini o de cualquier otro ex-WWF, ex-BirdLife o “Convener” de cualquier cosa “Positive y Equitativa”, recuerda:
No te están informando. Te están preparando para aceptar que tu futuro lo decidan ellos… desde Ginebra, desde Davos o desde la próxima cumbre Nature Positive.
Y si el precio de esa salvación global es que te den un poquito de miedo cada vez que un barco riega un puente… pues ya sabes: misión cumplida.
El futuro que ellos quieren, claro.


























































