Mientras Ceuta sigue oliendo a drama, a barro, a cuerpos recuperados y a militares patrullando playas que hace cuatro días parecían un desembarco de Normandía, la cuenta oficial de la Guardia Civil ha decidido que lo realmente urgente es inspeccionar motos de agua.
Sí, has leído bien. El 3 de agosto de 2026, con la ciudad aún bajo el eco de una entrada masiva de decenas de miles de personas, con decenas de muertos (oficialmente 72, oficiosamente más de cien según asociaciones del propio cuerpo), con el Ejército todavía peinando colinas y con agentes exhaustos de turnos eternos, el tuit del día es este:
«Otra labor de nuestros compañeros en zonas de aguas es inspeccionamos tanto las motos particulares como las de alquiler. ➡️ Precaución: mantener distancias de seguridad y mucha atención al entorno 🏊♂️ #guardiacivil #062 #turismoseguro»
Otra labor de nuestros compañeros en zonas de aguas es inspeccionamos tanto las motos particulares como las de alquiler.
— Guardia Civil (@guardiacivil) August 3, 2026
➡️ Precaución: mantener distancias de seguridad y mucha atención al entorno🏊🏻♂️#guardiacivil #062 #turismoseguro pic.twitter.com/BRbCapXB84
Uno imagina la reunión de la oficina de comunicación:
—Jefe, tenemos 50.000 entradas irregulares en 48 horas, cadáveres en el Tarajal, agentes sin relevos, una lancha nueva de medio millón de euros averiada desde junio y asociaciones del cuerpo denunciando falta de medios y previsión.
—¿Y qué propones?
—¿Publicamos un vídeo de compañeros midiendo la distancia de seguridad entre dos jet skis de turistas de Benidorm?
—¡Brillante! Eso transmite normalidad. Y pon hashtag de turismo seguro, que queda muy proactivo.
El resultado es una pieza de humor negro involuntario digna de los mejores sketches. Mientras en Ceuta se recuperan cuerpos, se devuelven miles de personas y se instalan barreras flotantes a toda prisa, la cuenta oficial nos recuerda que hay que mantener la distancia de seguridad con la moto de agua del vecino. Porque, claro, lo peligroso no son las pateras, las narcolanchas o las avalanchas humanas por el espigón. Lo peligroso es que dos españoles se choquen mientras hacen el tonto en una playa de alquiler.
La ironía es tan gruesa que duele. Las asociaciones de la propia Guardia Civil llevan días gritando que los agentes se enfrentaron a la crisis con plantillas mínimas, sin avituallamiento garantizado, sin apoyo psicológico tras recuperar menores muertos y con embarcaciones que hacen agua. Y la respuesta institucional en redes es un vídeo de inspección de motos acuáticas con tono de “nosotros aquí, protegiendo el ocio estival”.
Uno entiende que no se puede tuitear cada hora “seguimos desbordados y sin medios”. Entiende también que la comunicación institucional tiene que proyectar control. Pero de ahí a publicar esto el mismo día en que aún hay migrantes ocultos en los montes, soldados con vehículos blindados y un balance de muertos que sube cada mañana… hay un abismo de desconexión que rayaría lo cómico si no fuera trágico.
Quizá el próximo tuit sea sobre la correcta colocación del chaleco salvavidas en las piscinas de los hoteles de la Costa del Sol. O un recordatorio de no beber alcohol antes de subir a una moto de agua. Mientras tanto, en Ceuta, el “entorno” al que hay que prestar “mucha atención” sigue siendo otro muy distinto: el de una frontera que se ha demostrado, una vez más, que puede desbordarse en cuestión de horas cuando coinciden sentencias judiciales, inacción del otro lado y falta de previsión del propio.
Pero no se preocupen. La Guardia Civil está encima. De las motos de alquiler. Que nadie diga que no vigilan las aguas.


























































