Queridos vecinos de San Lorenzo de El Escorial (y de los alrededores que miran de reojo al Monte Abantos): respirad hondo, dejad el cubo de agua a un lado y guardad el extintor del coche. El verano de 2026 ha traído incendios feroces por la Sierra Oeste madrileña, con evacuaciones masivas (incluido el camping de El Escorial, que llegó a desalojar a miles de personas) y frentes que amenazaron con acercarse peligrosamente a la zona. Pero hay un motivo de peso para la calma: el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tiene aquí su flamante casoplón. Y ya se sabe que cuando un ministro se instala, el fuego suele respetar el perímetro oficial.
El casoplón en cuestión (datos del Registro y del Catastro, no de la imaginación popular)
En marzo de 2024 —concretamente el 11 de marzo, justo después de los actos del 20 aniversario del 11-M—, Marlaska se hizo con una villa en el histórico barrio de Abantos (Abantos-El Romeral), en las inmediaciones del Camino del Horizonal, cerca del antiguo Hotel Botánico y de villas con nombre propio como El Pinarillo o Villa Kuki.
Las cifras oficiales son estas:
- Parcela de 4.654 metros cuadrados.
- Edificación de 421 metros cuadrados distribuidos en tres plantas.
- Casa construida en 1957 (con reformas posteriores).
- Gran jardín estructurado en varias alturas.
- Piscina generosa.
- Rodeada de un tupido arbolado que la integra en la falda del monte y garantiza privacidad (la zona fue declarada Paraje Pintoresco de Interés Nacional en los años 50).
Precio de tasación: 1,2 millones de euros. Pagada al contado y libre de cargas. Según el entorno del ministro y la notaria que escrituró la operación, el dinero salió de la venta de un piso en la calle Fuencarral de Madrid (adquirido en 2020 y valorado en el entorno de 1,2-1,4 millones).
No es su primera incursión serrana. Desde hace unos 15 años (aprox. 2009) tiene un chalé en el vecino municipio de Santa María de la Alameda (finca de más de 1.200 m² con vivienda de unos 141 m² y piscina). Es decir: ya conocía el terreno, el aire puro y, presumiblemente, la mejor forma de que no se le acerque una chispa.
¿Por qué esto tranquiliza a los vecinos?
Porque el ministro del Interior no es un vecino cualquiera. Cuando el fuego avanza hacia El Escorial y San Lorenzo, se despliegan líneas de defensa, la UME, medios aéreos y todo el arsenal disponible. Y, digámoslo con humor negro de verano: cuesta imaginar que el perímetro de un casoplón de 4.654 metros con piscina y jardín en terrazas se quede sin vigilancia prioritaria. Al fin y al cabo, si hay que elegir entre salvar un pinar genérico o el jardín por el que el ministro ha pagado un millón doscientos mil al contado… la lógica burocrática suele inclinarse por lo segundo.
Además, la zona de Abantos ya era exclusiva y arbolada antes de que llegara el nuevo propietario. Ahora, con un vecino que controla (al menos sobre el papel) a Guardia Civil, Policía Nacional y los dispositivos de emergencia, el mensaje subliminal es claro: “Aquí no se quema nada porque el jefe vive al lado”.
Así que, vecinos: podéis seguir paseando por el Camino del Horizonal, mirando de reojo las columnas de humo lejanas y pensando que, si el fuego se acerca demasiado, al menos habrá un casoplón bien regado (y bien protegido) haciendo de cortafuegos simbólico. Marlaska ya tiene su retiro serrano con piscina. El resto es cuestión de que los medios aéreos y terrestres hagan su trabajo… y de que el destino respete la propiedad privada de alto standing.
Mientras tanto, disfrutad del aire de la sierra. Y si veis un helicóptero dando vueltas extra cerca de Abantos, no os asustéis: probablemente solo está comprobando que la piscina sigue llena.


























































