Bienvenidos al nuevo hito de la radiotelevisión pública española: Grandes maricas y bolleras de la Historia. Sí, con esas palabras exactas. No “grandes figuras LGTBIQ+”. No “personalidades diversas”. Maricas y bolleras. En La 2. A las 22:20. Con dinero de todos los españoles, incluidos los que todavía creen que la tele pública debería contar batallas, descubrimientos y obras de arte en vez de cotilleos de alcoba con pretensiones museísticas.
El programa, emitido el 1 de julio de 2026 como plato fuerte del Orgullo institucional, dura 90 minutos y tiene formato de “recorrido por un museo”. Rodrigo Cuevas —artista asturiano de camisa rosa de mangas dramáticas, bigote de mosquetero y actitud de presentador de verbena queer— hace de guía. Abre puertas que “la Historia mantuvo cerradas” para revelarnos “la vida íntima, el deseo y las renuncias ocultas” de 16 figuras. Leonardo da Vinci, Isabel de Parma, Cristina de Suecia, Federico II de Prusia, Hans Christian Andersen, Chavela Vargas, Miguel de Molina… Todos reducidos, según la sinopsis oficial, a “cuerpos atravesados por deseo, miedo, renuncia y contradicción”.
Es decir: en vez de explicar qué cojones pintó Leonardo, qué inventó o por qué su cerebro parece un algoritmo del siglo XV, nos cuentan si le gustaban más los pajes o las modelos. En vez de hablar de la obra de Hans Christian Andersen, nos explican el precio emocional de no poder salir del armario en la Dinamarca decimonónica. La Historia convertida en telenovela de armarios. El Renacimiento como reality de guardarropa.
El truco es viejo pero efectivo: usa el lenguaje más callejero y provocador posible en el título (“maricas”, “bolleras”, “bollerío y mariconeo” se llega a oír en los promos) para generar clics y polémica, y luego te venden el producto como “divulgativo” y “necesario”. Es el mismo truco de siempre: escandaliza con el envase para que nadie se fije en que el contenido es puro presentismo identitario. Proyectamos nuestras categorías del año 2026 sobre personas del siglo XV y luego fingimos que estamos “recuperando voces silenciadas”. Lo que realmente recuperamos es la costumbre de juzgar el pasado con la moral del presente… pero solo cuando conviene a la narrativa.
Porque, seamos serios un momento (aunque el programa no lo sea): ¿alguien cree de verdad que lo más interesante de Leonardo da Vinci es con quién se acostaba en secreto? ¿Que la grandeza de un genio del Renacimiento se mide por las “renuncias ocultas” de su orientación sexual y no por haber cambiado la forma en que entendemos el mundo? ¿Que Hans Christian Andersen será recordado por sus cuentos o por si le temblaba la voz al hablar de ciertos príncipes? El programa responde sin pudor: lo importante no es lo que hicieron, sino “qué precio pagaron por amar —o por callar—”.
Traducción: la Historia ya no es lo que ocurrió. Es lo que les impidió a estos personajes ser out and proud según los estándares de un comité de diversidad de 2026. Todo lo demás —la obra, el contexto político, las ideas, las contradicciones reales de su época— es decorado.
Y todo ello pagado con impuestos. Mientras la educación española sigue en caída libre, mientras miles de jóvenes no saben quién fue Felipe II pero sí pueden explicarte las microagresiones de un tuit de 2019, TVE decide que lo urgente es montar un museo del deseo frustrado en prime time de La 2. Con invitados ilustres opinando, música de acompañamiento y la solemnidad de quien cree que está haciendo justicia histórica cuando en realidad está haciendo gossip con peluca de época.
El resultado es tan previsible como ridículo: un producto que insulta la inteligencia del espectador medio y, de paso, la de cualquier persona homosexual que prefiera que le hablen de historia de verdad en vez de que le vendan su orientación como la clave hermenéutica de todo lo que ha ocurrido desde el Neolítico. Porque, sorpresa: también ha habido “grandes heteros de la Historia”. Y “grandes asexuales”. Y “grandes gente normal que no centraba su identidad en a quién se follaba”. Pero esos no dan tanto juego identitario ni generan tantos likes en redes.
TVE no ha abierto los armarios de la Historia. Ha abierto su propia caja de prejuicios contemporáneos, la ha vaciado sobre personajes muertos que ya no pueden defenderse y lo ha llamado “visibilidad”. Lo ha hecho con dinero público, con un título que parece sacado de un chiste de bar de los años 90 y con la cara de no entender por qué alguien pueda encontrar todo esto un poco… patético.
En resumen: otro capítulo más de la captura institucional de lo público por la causa del momento. Historia light, ideología heavy, y el contribuyente pagando la entrada al museo del mariconeo oficial.
Si esto es lo que la radiotelevisión pública entiende por “educar”, igual deberíamos empezar a pedir que cierren también algunas de esas puertas que tanto les gusta abrir. Al menos las del presupuesto.
🇪🇸🏳️🌈 | TVE produce con dinero público, y estrena con motivo del 'orgullo' del lobby político LGTB, el programa 'Grandes maricas y bolleras de la Historia'. pic.twitter.com/HiS1u12Pj9
— ʜᴇʀQʟᴇs (@herqles_es) July 10, 2026


























































