En un hito para la ciencia española que ha hecho que hasta los manuales de biología de secundaria pidan baja por estrés postraumático, Ángela Prellezo, matrona del Sistema Cántabro de Salud y quinta mejor nota del EIR 2024, ha concedido una entrevista histórica a eldiario.es Cantabria. El titular lo dice todo: “No solo las mujeres tienen la regla”.
Sí. Leanlo otra vez. Despacio. Dejen que les dé tiempo a procesar la magnitud del hallazgo.
Según esta joven profesional (nacida en 2001, cuando muchos de nosotros ya habíamos superado la fase de creer que los bebés vienen de París), la menstruación es un fenómeno inclusivo, diverso y, sobre todo, desvinculado del sexo biológico. Porque, como ella misma explica con la serenidad de quien acaba de inventar la rueda:
“Lo que te hace tener la regla es tener un útero… pero los hombres trans que se mantienen el útero también la tienen.”
¡Tachán! Resulta que si una mujer biológica decide identificarse como hombre pero conserva su aparato reproductor femenino, entonces… ¡es un hombre que menstrúa! La biología, ese viejo machista, se ha quedado obsoleta. Ahora el útero es gender-fluid. Mañana probablemente también lo sean los ovarios y pasado mañana el ADN.
Pero no se queda ahí la eminencia. Prellezo va más allá y revela que las mujeres trans (es decir, hombres biológicos) en tratamiento con estrógenos pueden experimentar síntomas premenstruales. O sea: si un tío se toma pastillas del sexo contrario, ya puede quejarse de hinchazón, irritabilidad y retención de líquidos como si tuviera la regla. Es la versión moderna del “me duele la cabeza, cariño”. Ahora ya tiene coartada científica: “Es mi ciclo, machito”.
Y por si alguien se atreviera a pensar que esto es una chorrada monumental, la matrona lo remata con el comodín infalible: las personas intersex. Esa minúscula minoría con condiciones médicas del desarrollo sexual sirve de excusa perfecta para redefinir a la mitad de la humanidad. Porque si hay un caso rarísimo de alguien con tejido mixto, entonces ya podemos decir que “todo es un espectro” y que tu vecina del 3ºB también podría ser un hombre menstruante si se lo propone.
Lo más alucinante de todo es que esta chica saca las mejores notas en oposiciones. Memoriza como una campeona. Pero parece que en el temario de “realidad biológica básica” se saltó el capítulo entero. O quizá lo reescribió ella misma durante la residencia.
Porque, atención, ser matrona ya no es solo ayudar a traer niños al mundo. Para Prellezo es “un acto político”, una forma de hacer activismo LGTBIQ+ y feminismo inclusivo. Imagínense la escena en el paritorio:
— Señora, empuje… — ¿Y mi marido? ¿También puede tener la regla? — ¡Por supuesto! En esta casa respetamos todas las menstruaciones, incluso las de los que nacieron con pene.
El tuitero Oriol Sabata lo clavó: una afirmación de este calibre debería ser motivo suficiente para impedir el ejercicio profesional en el sistema público y valorar una derivación psiquiátrica. Porque no estamos hablando de una influencer de TikTok ni de una activista de Twitter. Estamos hablando de una sanitaria pública que atiende a mujeres reales en uno de los momentos más importantes (y sangrientos) de sus vidas.
Una afirmación de este tipo debería ser suficiente para impedir ejercer en el sistema público y valorar una derivación psiquiátrica.
— OɾιoƖ Sabata (@oriolsabata) June 29, 2026
Ya está bien de aguantar semejantes estupideces. pic.twitter.com/HMjqZPTrsg
Mientras tanto, en Cantabria, las futuras mamás pueden estar tranquilas: su matrona no solo sabrá cortar el cordón umbilical. También les explicará que su periodo es una construcción social y que su marido, si se identifica como tal, tiene derecho a usar el baño de mujeres para cambiarse la compresa.
Bienvenidos al 2026. La ciencia ya no progresa. La ideología progresa. Y las que pagan el pato, como siempre, siguen siendo las mujeres de verdad.
Ángela Prellezo, enhorabuena. Has conseguido algo que ni la Inquisición ni el negacionismo climático lograron: que hasta la sangre tenga identidad de género. El útero te saluda. Y la biología, desde su tumba, se está partiendo de risa.


























































