España, ese país que de día brilla tanto que hasta los paneles solares se ponen gafas de sol, ha conseguido un nuevo récord histórico de generación fotovoltaica. ¡Ole! Mientras el sol trabaja a destajo como un funcionario en viernes por la mañana, nosotros, los mortales, seguimos pagando la luz como si viviéramos en una sauna de gas natural con tarifa premium.
La cosa es tan absurda que los expertos han tenido que recurrir a la palabra “paradoja”. Porque si dijeran “nos están tomando el pelo con elegancia institucional”, el titular perdería ese aire de seriedad académica que tanto les gusta. Resultado: tenemos más sol que nunca… y la factura un 84 % más cara que hace un año. Es como si abrieras un restaurante de comida vegetariana y luego te cobraran el menú a precio de chuletón de buey porque “el gas del horno sigue siendo imprescindible”.

Por un lado, las placas solares se pelean por quién genera más kilovatios. Por el otro, el gas natural sigue ahí, quieto, como ese amigo que no se va de la fiesta aunque ya hayan apagado la música. Y en medio, el consumidor español, que mira el contador y piensa: “Genial, récord solar. Ahora a ver si el sol también me paga la mitad de la hipoteca”.
Al final, la energía renovable avanza a pasos de gigante… pero la factura avanza a pasos de Usain Bolt con zapatillas de clavos. Y mientras tanto, alguien en algún despacho sonríe y murmura: “Paradoja. Qué palabra tan elegante. Suena casi a progreso”.
Progreso, sí. El de la factura.


























































