Resulta que en 2026 todavía hay sanitarios que se creen que la gente les mira con la misma cara de «usted manda, doctor» de 2019. Y no. Desde el COVID (y sobre todo desde aquello que nos inyectaron con propaganda de película de terror) el personal ya tiene el radar calibrado a nivel militar.
El último en demostrarlo ha sido esta joyita de anestesista, @chungopailot, que se ha puesto estupendo respondiendo a una crítica sobre las consultas:
Voy a imprimir todos vuestros tuits y empapelar la sala de espera de la urgencia. Así, cuando vayais con algo de verdad urgente y tengais q esperar varias horas porq estan saturadas de gente con catarros o cefaleas comunes, podais entreteneros
Qué detallista. Quiere decorar la sala de espera con los tuits de los pacientes. Como si fuera un coleccionista de sellos, pero de quejas.

El problema no es que haya gente que vaya a urgencias con un catarro. El problema es que este señor y muchos de sus colegas siguen hablando como si la confianza no se hubiera ido por el desagüe en 2020-2022. Como si no hubiéramos visto cómo se cerraban consultas, se retrasaban diagnósticos de cáncer y se empujaba a la gente a una campaña de vacunación que, según ellos, era «segura y efectiva»… hasta que dejó de serlo y entonces el problema eran los no vacunados, o los antivacunas, o los que preguntaban demasiado.
Ahora resulta que si te quejas de que te manden a casa con un «eso no es nada» o de que te hagan esperar horas mientras el sistema está colapsado, el anestesista te amenaza con empapelar la pared. Qué nivel de empatía. Casi se puede oír el «yo me he sacado la carrera y tú no» entre líneas.
La ironía es deliciosa: el mismo gremio que durante años nos dijo que no debíamos cuestionar nada, que confiáramos ciegamente, que el que dudaba era un peligro público… ahora se ofende cuando la gente ya no traga. Y en lugar de preguntarse por qué la confianza se ha evaporado, se pone a jugar a interiorista de urgencias.
Empapela lo que quieras, doctor. Pero ten cuidado: si imprimes todos los tuits de la gente que ya no se fía, te va a faltar pared. Y papel. Y presupuesto del hospital. Porque desde el COVID, y especialmente desde la vacunación, el paciente medio ya no es ese borrego agradecido que te miraba como si fueras un semidiós con bata.
Ahora te mira… y se ríe.

























































