Señoras y señores del mundo corporativo, agarren su café (o su antiácido) porque acabamos de presenciar el momento en que una entrevista de trabajo dejó de ser un trámite aburrido y se transformó en un episodio perdido de Black Mirror… pero con diarrea.
El video que está circulando (y que ya tiene a medio Twitter entre risas y trauma colectivo) muestra a un equipo de reclutamiento enfrentándose a lo que claramente es la Generación Z en su máxima expresión: honestidad brutal, cero filtro y un dominio del inglés que haría llorar a cualquier profesor de Berlitz.
Todo empieza relativamente normal. El entrevistador, con esa voz de “vamos a ser profesionales”, pregunta por las fortalezas y debilidades. Y ahí es donde el universo se rompe.
El candidato, con total seriedad, suelta:
“Mis debilidades… es que voy mucho al baño. Me da mucha diarrea. Todo me pesa mucho, tengo problemas de estómago…”
Pausa. Silencio. Se oye cómo el alma de alguien en la llamada abandona el cuerpo.
Pero espera, que todavía hay más. Porque cuando le preguntan por las fortalezas, el muchacho no duda:
“Mis fortalezas… ¿puedo beberme un litro de cerveza en… no sé…?”
El entrevistador, ya con la voz quebrada, intenta rescatar la situación: “¿Laboral? ¿Moral?”. Nada. El candidato sigue en su mundo. Uno de los reclutadores tuvo que apagar la cámara. Literalmente. Porque hay risas que no se pueden disimular ni con el mute más potente del planeta.
Luego llega la pregunta clásica: “¿Por qué crees que deberíamos contratarte?”
Y aquí el candidato alcanza el Olimpo de la honestidad radical:
“Porque necesito un trabajo. O sea, realmente no me gustaría trabajar con ustedes, pero necesito un empleo. Así que por favor contáctenme.”
El reclutador, ya en modo supervivencia, comparte la pantalla de la empresa (una app de idiomas con IA, OpenAI, TechCrunch y 30 millones de usuarios) y le dice, casi rogando, que esto es una compañía seria. El candidato asiente como si estuviera en una cita médica y responde:
“Okay… empiezo el lunes.”
Fin de la llamada. Fin de la dignidad. Fin de la esperanza en el futuro del mercado laboral.
Lo más hermoso de todo esto es que el post original lo resume con una frase digna de ser bordada en una almohada de RH:
“Gente, está bien si no quieren trabajar, pero no hagan perder el tiempo del equipo de reclutamiento.”
Exacto. Está bien que no quieras el puesto. Está bien que prefieras vivir de OnlyFans, de dropshipping o de la herencia de tu tía. Pero por favor, si vas a presentarte a una entrevista, al menos finge que no estás a dos diarreas de distancia de un colapso intestinal y que no estás ofreciendo como principal skill tu capacidad de embudo cervecero.
Porque mientras tanto, en alguna oficina de recursos humanos, un reclutador está llorando en el baño… y no de la risa.
Gente, está bien si no quieren trabajar, pero no hagan perder el tiempo del equipo de reclutamiento pic.twitter.com/4XRZlQdlpU
— Jocelyn Quiles SeñorasChambas 🇲🇽 💜💚🩷 (@SeniorasChambas) July 23, 2026


























































