CCOO Ceuta ha remitido un escrito a Isabel Díaz Ayuso para que los empadronados en Ceuta puedan sacar o renovar la Tarjeta de Transporte Público Personal de Madrid sin empadronarse en Madrid. Temporalmente, claro. Y “de forma inmediata”. Y hasta que Madrid y Ceuta firmen un convenio específico de transporte. Es decir: hasta que los cerdos aprendan a volar sobre el Estrecho y recarguen el abono en el aire.
La medida del Consorcio Regional de Transportes, vigente desde junio, es bastante prosaica: el abono bonificado lo pagan los impuestos de quien vive ahí. Castilla-La Mancha y Castilla y León entran por convenio porque, milagro geográfico, están al lado. Ceuta no está al lado. Ceuta está en el norte de África. Entre un ceutí y Atocha hay un mar, un ferry, un avión, Algeciras y la certeza de que el Cercanías no va a cruzar el Estrecho aunque Ángel Lara se lo pida por escrito.
El sindicato, eso sí, ha detectado un “dilema injusto”. Y aquí hay un grano de verdad, que es lo que hace la chorrada más brillante: si te empadronas en Madrid para el metro barato, puedes perder la bonificación de residente en el avión y el barco. Si te quedas empadronado en Ceuta para no pagarte el Estrecho a precio de turista, el Consorcio te mira como a un forastero con DNI. Es un problema real de unas cuantas personas que estudian o trabajan en Madrid y no quieren soltar el ancla administrativa de casa. Convertirlo en “equidad y solidaridad territorial” entre dos administraciones que no comparten ni acera es otra cosa. Es el arte de inflar un trámite hasta que parezca la toma de la Bastilla.
Porque fíjese el método. No hay huelga. No hay mesa. No hay afiliados cortando la Avenida. Hay un escrito. Un escrito a Ayuso. CCOO escribiéndole a Ayuso para pedirle que subvencione el metro a gente que, por definición, no quiere figurar como madrileña. La escena tiene un potencial cómico que no da ni Berlanga: el sindicato que lleva décadas explicando que Ayuso es el capital con flequillo le pide ahora un favor tarifario y confía en que “estudie, valore y atienda” la petición “a la mayor brevedad”. A la mayor brevedad. Como si Puerta del Sol tuviera una bandeja de entrada etiquetada “Solidaridad con el Hacho”.
El convenio específico que proponen como horizonte es la joya. Un convenio de transporte entre Madrid y Ceuta. ¿Qué van a conveniar, exactamente? ¿Que el metro de Sol haga correspondencia con el Tarajal? ¿Que el abono de zona A cubra también el helicóptero? ¿Que Cercanías abra una parada en Monte Hacho los lunes, miércoles y festivos? No. Van a conveniar lo de siempre: nada. El convenio es el sofá del sindicalismo de comunicado. Se pide, se espera, se recuerda a los tres meses y se archiva junto a las otras 400 reivindicaciones históricas que siguen siendo históricas porque nadie las ha convertido en otra cosa que un PDF.
Y aquí está el truco de la función. Ceuta tiene problemas de verdad: la invasión, empleo, vivienda, el precio de salir y entrar, servicios, plantillas, el CETI, la limpieza, la escuela, la sensación de que la Península se acuerda de la ciudad cuando hay foto. CCOO, cuando quiere, también habla de eso. Pero un escrito a Ayuso sobre la tarjeta del metro tiene varias ventajas operativas inigualables. No exige organizar a nadie. No enfrenta a una empresa local. No obliga a pelear un convenio en Ceuta. No se mide en nóminas. Se mide en recorte de prensa. Sale El Faro, se tuitea, alguien pregunta si van a llevarse a todos los ceutíes a Madrid y el sindicato puede decir, con la cara muy seria, que está “en defensa de los derechos de las personas trabajadoras ceutíes y de sus familias”.
◼️ CCOO pide a Ayuso que los ceutíes puedan tener la tarjeta de transporte de Madrid sin empadronarse #Ceutahttps://t.co/xFemd4cxHq
— El Faro de Ceuta (@ElFarodeCeuta) September 21, 2026
Que hay ceutíes en Madrid, sí. Que el padrón doble es un lío fiscal y familiar, también. Que el Estado podría pensar un estatuto razonable para quien se marcha a estudiar o a currar sin dejar de ser residente de hecho de Ceuta, de acuerdo. Eso se discute con Hacienda, con Fomento, con la Ciudad y con el Consorcio, con números encima de la mesa. Lo que no se discute —o se discute solo para rellenar la tarde— es pedirle a Madrid que trate Ceuta como si fuera Illescas. Illescas está a 40 minutos. Ceuta está a un salto de continente. La solidaridad territorial no consiste en que el contribuyente de Móstoles pague el abono de quien mantiene el empadronamiento a 600 kilómetros y un canal por motivos perfectamente comprensibles, pero ajenos al presupuesto del Metro.
La frase final del comunicado es de manual: apelan a la equidad. La equidad, en este caso, sería que quien usa a diario el transporte de Madrid y quiere la tarifa de residente se empadrona en Madrid, o que Ceuta y el Estado resuelvan la doble residencia sin disfrazarla de abono. La solidaridad sería no convertir cada fricción administrativa en una cruzada. Y el sindicalismo, si todavía quiere parecerse a sí mismo, sería pelear lo que se puede ganar: salarios, turnos, bonificaciones que sí dependen de Ceuta, el plus de vinculación, el ferry, la vivienda. Cosas que duelen. Cosas que no se resuelven con un sobre dirigido a Ayuso.
Mientras tanto, la petición ya ha cumplido su ciclo vital. Existe. Está publicada. Tiene foto de archivo. Invoca a las familias. Confía en la brevedad. Y el metro de Madrid, ajeno al escrito, seguirá pidiendo empadronamiento a quien quiera pagarlo como madrileño. CCOO habrá hecho. Que es, en estos casos, la forma más elegante de no haber hecho nada.
















































