El 5 de octubre, Montse Mínguez, portavoz del PSOE, lanzó a las redes el eslogan más corto y aparentemente inocente de la precampaña: “Votar con V de vivienda” seguido de la rosa y el puño. Simple, pegadizo, casi de anuncio de detergente. Nueve días después, la V se ha puesto en pie de guerra y ya no está claro si la letra va de “vivienda”, de “Vélez” o de “venga ya, hombre”.
Resulta que su pareja, Sergi Vélez, está al frente de Nest Capital, un holding familiar leridano que, según la información publicada, gestiona al menos una treintena de pisos y apartamentos en alquiler, ha promovido varios desahucios por impago (llegando a tener hasta tres a la vez) y cuenta con un entramado de sociedades que incluye empresas de alquiler, constructoras, proyectos en Argentina y Brasil, dos compañías en Panamá, negocios de restauración y, para rematar, una sociedad reciente de alquiler de yates en Ibiza. Ella misma declara tres viviendas. Cuando le han preguntado, Mínguez ha hablado de “ataque personal”, de “empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad” y ha reconocido que su novio es un “gran tenedor”. Todo muy familiar, como cuando el tío abuelo tiene un piso de más y lo alquila al primo.
El contraste es tan limpio que casi parece diseñado por un guionista de comedia. Mientras el PSOE pone la vivienda en el centro de la campaña del 29N y carga contra los “fondos buitre” y la especulación, la portavoz del partido comparte sofá y desfiles del 12 de octubre con alguien cuyo grupo compra edificios, los rehabilita y los pone en alquiler a escala que en cualquier otro contexto se llamaría exactamente eso: gran tenedor. La defensa de que “si no paga se le desahucia, y si es vulnerable se le protege” es jurídicamente correcta y, a la vez, el tipo de frase que suena distinta cuando la pronuncia quien lleva semanas pidiendo que la vivienda deje de ser negocio.
Lo más divertido no es la contradicción en sí (en política española las contradicciones patrimoniales son casi un género literario), sino la velocidad con la que el eslogan se ha convertido en meme involuntario. En X ya hay quien propone “Votar con V de Vélez”, “V de holding” o “V de las 30 viviendas”. El lema original era tan corto que no dejaba margen de maniobra: una vez que salen los números, las sociedades panameñas y el yate, cualquier explicación suena a la clásica “es una empresa familiar” que en España usamos tanto para el bar del pueblo como para holdings de ocho millones en activos y un solo empleado.
Votar con V de vivienda 🌹💪
— Montse Mínguez (@montseminguez) October 5, 2026
Mínguez tiene razón en un punto: hablar de la pareja de un político es, en parte, ataque personal. El problema es que el PSOE ha convertido la vivienda en cuestión de principios morales y de campaña, no en un asunto técnico de oferta y demanda. Cuando el lema estrella de tu partido es “votar con V de vivienda” y al cabo de una semana la V más sonada es la de tu pareja, el chiste se escribe solo. Y los chistes que se escriben solos suelen ser los que más duran.
Al final, quizá el lema solo necesitaba una coletilla. Algo así como “Votar con V de vivienda… siempre que no sea la de mi pareja”. Queda más largo, pero al menos no caduca en diez días.

























































