Mientras el Titanic ibérico hace agua por todos los costados, con Pedro Sánchez metido en más causas judiciales que un culebrón de Antena 3, la gran nación española ha encontrado su nuevo deporte nacional: pelearse a muerte por Sarah Santaolalla. Bendito sea el pan y circo del siglo XXI.
Imagina la escena: por un lado, el país con la deuda que no para de crecer, la economía haciendo malabares, los independentistas cobrando peaje por respirar y el Gobierno rodeado de jueces, fiscales y forenses como si fuera un mal capítulo de Law & Order: Unidad Ferraz. Por el otro, tertulias, redes y cafés ardiendo porque una tertuliana dice esto, denuncia aquello, le dan escolta, le quitan la escolta, llora en plató o lanza un tuit que parece diseñado en un laboratorio de crispación molecular.
Y claro, la gente mordiendo el anzuelo como si mañana no hubiera que pagar la hipoteca. “¡Es una víctima!”, gritan unos. “¡Es una profesional del drama!”, responden otros. Mientras tanto, Sánchez aparece en la tele con cara de “esto no va conmigo” y el barco sigue escorando hacia estribor.
¿Os suena de algo? Claro que sí. Recordad la mítica frase de Zapatero a Iñaki Gabilondo cuando creía que los micrófonos estaban apagados: “Nos conviene que haya tensión”. Aquel momentazo off the record que se convirtió en greatest hits de la estrategia política española. No era un lapsus, era la estrategia: dramatizar, polarizar y que nadie mire el fondo del asunto.
Pues aquí estamos otra vez. Sarah Santaolalla es el nuevo algoritmo de distracción. Cada vez que hay un registro en Ferraz, una imputación incómoda o un escándalo que huele a naftalina, ¡pum!, surge una polémica con ella que ocupa portadas, minutos de televisión y horas de odio en X. Es como tener un mago diciendo “mirad la mano derecha” mientras con la izquierda te roba la cartera.
La táctica es tan antigua como efectiva: generar crispación para que no se hable de lo importante. ¿Que el país se hunde? Da igual, ¿habéis visto lo que ha dicho Santaolalla hoy? ¿Que Sánchez tiene más frentes judiciales abiertos que un supermercado en rebajas? Olvídalo, ¡mirad el tuit de Vito Quiles persiguiéndola en taxi!
Es tan evidente que da hasta vergüenza ajena. Necesitamos más tensión, sí. Pero tensión de la buena: la que empuja a exigir responsabilidades, a pedir cuentas y a no tragarnos el cuento de que el verdadero problema de España es una tertuliana con más haters que followers (o viceversa, según el día).
Así que queridos compatriotas: la próxima vez que os entre el impulso de entrar en la discusión de turno sobre si Santaolalla es heroína o villana, haced una pausa. Respirad. Y preguntaos: ¿esto no será exactamente lo que quieren? Porque mientras discutimos si es santa o trola, el barco sigue hundiéndose… y alguien en Moncloa está silbando tranquilamente Titanic en versión remix.
¡Que venga más tensión, coño! Pero de la que aclara, no de la que emborrona. O al menos que sea tensión con gracia. Que ya bastante tragedia tenemos.


























































