Señorías, compatriotas, amantes del sainete político y del absurdo elevado a categoría de estrategia: atentos, porque Patxi López ha vuelto a demostrar por qué el PSOE es el partido de los grandes visionarios. No de los que ven el futuro, sino de los que ven multitudes imaginarias coreando consignas en defensa de la mujer del jefe.
El miércoles en el Congreso, el exlehendakari y actual portavoz socialista se arrancó por peteneras con un solo tan épico como ridículo: “¡Ante tanta inquina, ante tanta indignidad, los socialistas vamos a decir cada vez más alto lo que ya dicen millones de españoles en la calle: ¡Yo con Begoña! ¡Yo con Begoña, claro que sí!”. Y se puso a gritarlo como si estuviera en la final de Eurovisión y Begoña fuera el tema de Chayanne.
¿Millones, Patxi? ¿Millones? Pero hombre, no se lo cree ni tu jefe, que tenía la cara del que acaba de pisar una caca de perro con el zapato nuevo mientras finge que no pasa nada. Pedro Sánchez parecía estar calculando mentalmente cuántos kilómetros de distancia necesitaba poner entre él y aquel espectáculo de sumisión reptiliana. Ni en las manifestaciones más optimistas del 8M (o del 28A, o del día que toque) se ha visto a tanto begoñista espontáneo tomando las calles.
La realidad, querido Patxi, es que los únicos que gritan “Yo con Begoña” son:
- Cuatro militantes del PSOE con nómina asegurada.
- Un par de tertulianos que cobran por defender lo indefendible.
- Tú, en un ataque de lealtad canina que haría sonrojar a un golden retriever.
El resto de España está más bien en plan “Yo con un juez que investigue hasta el final”, “Yo con que se aclare lo de los cursos, los másteres y las influencias”, o directamente “Yo con que se vaya ya este circo”. Pero claro, para el PSOE la calle es ese lugar mítico donde todo el mundo apoya al sanchismo… siempre que no salgas de Ferraz o de la Moncloa. Fuera de ahí, la calle es un sitio peligroso lleno de “pseudoperiodistas”, “derechistas” y gente que, horror de horrores, se atreve a preguntar.
Es patético. Es bochornoso. Es de manual de cómo no defender a alguien. En vez de dejar que las investigaciones sigan su curso como cualquier mortal, montan el numerito de la persecución y la inquina. Begoña no es una víctima de una cacería; es la esposa del presidente y, como tal, está bajo el microscopio legítimo de la opinión pública y la Justicia. Gritar “¡Yo con Begoña!” en el hemiciclo no la exime de nada. Solo hace que parezcáis una secta. Una secta con muy mal gusto para los cánticos.
Imagínense la escena en cualquier bar de barrio: —Oye, ¿tú con Begoña? —¿Con quién? ¿La de los negocios raros? Anda ya, tráeme otra caña.
Patxi López ha conseguido algo histórico: que hasta los más fieles sanchistas se tapen la cara. Ha convertido un momento de supuesta solidaridad en meme instantáneo. Y lo mejor es que lo ha hecho con la solemnidad del que cree de verdad que está salvando la patria. Bendita inocencia (o cinismo profesional, según el día).
En resumen: gracias, Patxi. Gracias por recordarnos que el socialismo del siglo XXI no consiste en defender a los trabajadores, sino en defender a la primera dama con cánticos de animadora de instituto. “¡Yo con Begoña!”. Claro que sí.
Y mientras tanto, España sigue ahí fuera. Sin corear. Sin creer. Y riéndose a carcajadas de tanto ridículo.


























































