Señores y señoras, abróchense los cinturones de risa porque ha vuelto el rey indiscutible de las carcajadas andaluzas: el recordado Juan Joya Borja, más conocido como El Risitas. Ese hombre que convirtió «¡cuñao!» en filosofía de vida y que, con solo una risa entrecortada, podía hacer que hasta un entierro pareciese una verbena.
Y ahora, en pleno 2026, cuando Zapatero aparece en los titulares judiciales más jugosos desde que inventaron el chorizo (el ibérico, no el político), resurge un chiste suyo que es puro oro visionario. Ferraz y Moncloa deben estar buscando el botón de «eliminar de internet» como locos, pero ya es tarde. El Risitas lo soltó hace años y se ha convertido en profecía autocumplida.
El chiste que duele (de la risa)
Imaginad la escena, contada con ese acento de Triana pura y esa risa que suena a motor de dos tiempos arrancando:
Un borracho entra en un bar, tambaleándose como un gobierno en coalición. Pide un tinto y levanta la vista. Ahí, colgados en la pared como santos de la barra, hay tres cuadros:
- El Papa.
- Franco.
- Zapatero.
El borracho, con los ojos como platos, suelta la frase inmortal:
— ¡Vaya tres pichas que tiene usted ahí colgadas!
El dueño del bar, sin inmutarse, responde con sorna:
— Ese es el menú del día.
Papa, con huevos y con chorizo. El juego de palabras es tan bruto, tan español y tan certero que duele. Porque el Risitas no estaba contando un chiste. Estaba haciendo periodismo predictivo.
El mejor chiste de Zapatero lo contó el risitas hace muchos años pic.twitter.com/KNbUZQTkGQ
— Pablo Haro Urquízar (@pabloharour) May 25, 2026
Mientras algunos aún creían que Zapatero era el hombre del «diálogo», el «no es no» y las sonrisas eternas, El Risitas ya lo había colocado en el mismo Olimpo que el Papa y el Caudillo… pero en versión barra de bar a las tres de la mañana.
Porque el chiste ha envejecido como el buen vino (o como los casos judiciales): cada vez mejor. Zapatero pasa de ser el presidente que «terminó con el terrorismo» (ejem) a aparecer en titulares que harían sonrojar hasta al más pintado. Y ahí está El Risitas, desde el más allá, partiéndose el pecho de risa: «¡Os lo dije, cuñaaaooo!»
Es como si el humorista sevillano hubiera tenido una bola de cristal metida en el gaznate. Mientras los tertulianos se tiraban de los pelos analizando políticas, Risitas resolvió todo en 30 segundos con una analogía tan fina como un bocata de calamares.
España necesita más Risitas y menos filtros. Porque cuando la realidad supera a la sátira, solo queda hacer lo que él hacía mejor: reírse a carcajadas hasta que te duelan las costillas.
Y si algún día alguien te dice que la política no da para reír… mándale el vídeo. Que escuche esa risa. Que sienta la profecía.


























































