Hay familias de actores que te entregan un Oscar, un Goya y un discurso sobre Lorca. Y luego está el hermano que llega a la concentración, agarra el micro y le dice a la protagonista del desahucio más mediático de Madrid: «Paquita, no estás sola».
El tuit lo dejó para la posteridad: el más tonto de los Bardem —categoría no oficial, pero ya con candidato claro— fue a apoyar a Maricarmen y la bautizó Paquita. Gracias por tanto, de verdad.
El escenario era serio. Maricarmen, 87 años, más de siete décadas en el mismo piso de Alcalde Sainz de Baranda, cuarto intento de desahucio, salida en camilla, fondo que le sube el alquiler de 500 a 2.650 euros. Concentración, sindicato de inquilinas, Ana Belén recitando a Alberti, Juan Diego Botto al lado, Carlos Bardem citando el pan y las rosas. Todo el pack de solidaridad cultural madrileña. Solo faltaba una cosa: el nombre.
Según el vídeo que recorre X, el actor soltó algo del estilo «esto es maravilloso, esto es solidaridad, Paquita, no estás sola». El barrio llevaba meses lleno de carteles con Maricarmen se queda. El hashtag también. Ella misma. Da igual. En la cabeza de Carlos, aquella noche, la señora era Paquita.
Ha ido el más tonto de los Bardem a dar su apoyo a Maricarmen y la ha llamado Paquita.
— • (@yipikayei7) September 23, 2026
Gracias por tanto, de verdad. pic.twitter.com/mP1Dcku4VM
El lapsus tiene explicación, y es casi más cruel que el olvido. En julio, en La Latina, otra octogenaria —Francisca López Ruiz, Paquita para el barrio— se enfrentó a un desahucio muy parecido: 82 años, párkinson, décadas en el mismo portal, hijos, vecinos, megáfono, «hoy es Paquita, mañana puede ser cualquiera». Dos abuelas, dos barrios, dos fondos, dos concentraciones. El activismo de calendario las había convertido en el mismo personaje. Carlos Bardem, aparentemente, no actualizó el fichero.
Uno puede citar a Lorca, pedir desobediencia civil y recuperar «nuestros barrios» con voz de novela histórica. Otra cosa es acordarse de cómo se llama la persona que tienes delante. El derecho al pan, a una casa y a las rosas… y, de paso, a que no te confundan con la de dos meses atrás.
El resto de la saga Bardem queda, de momento, a salvo. Javier se casa con Penélope y no la llama Maribel. Mónica no aparece en el vídeo llamando a nadie Conchita. Carlos se lleva el premio: el hermano que llega al set de la realidad, se sabe el texto ideológico y se come el nombre propio. Berlanga habría firmado la escena. Un Bardem, un micro, una Paquita que no es Paquita, y medio Twitter preguntándose si la solidaridad viene con plantilla.
Maricarmen se queda —o no, porque el desahucio se ejecutó—. Paquita, la de La Latina, sigue en su propio culebrón. Y Carlos Bardem ya tiene un eslogan eterno, aunque no sea el que quería:
«Paquita, no estás sola. Aunque te llamemos como nos dé la gana.»




















































