La CIA quería que todos estuviéramos un poco más “chill”. Esa es la tesis —dicha con cara de póker y un vídeo de plastilina— que acaba de soltar @TheQNewsPatriot, y el clip que la acompaña merece un Oscar al mejor thriller de stop-motion sobre guerra fría y flores en el pelo.
La escena de apertura es un marionetista de traje y corbata moviendo a un hippie de tie-dye como si fuera un títere de feria. El cartel lo dice sin anestesia: LA CIA CREÓ EL MOVIMIENTO HIPPIE. A partir de ahí, el vídeo despliega la teoría de siempre, pero con estética de Plasticine y voz de documental conspiranoico: MKUltra, LSD a granel, los Acid Tests, el autobús Further recorriendo Estados Unidos como una furgoneta de IKEA psicodélica, Laurel Canyon y una coincidencia estadística que haría llorar a cualquier actuario.
Según el relato, Ken Kesey se apunta a un experimento de la CIA, se lleva el ácido a casa, organiza fiestas y de repente The Grateful Dead dejan de ser una banda local para convertirse en banda sonora oficial de “ya no voy a la universidad, me voy al bosque”. El movimiento se exporta. El mensaje subliminal, según el vídeo, no es “paz y amor”, sino “chicos, relajaos, dejad de quemar cartillas y de preguntar por Vietnam; tomad esto y tocad la guitarra”.
Luego llega Laurel Canyon. El vídeo señala que varios de los santos patronos del flower power tenían padres con currículum de arsenal químico, almirante o inteligencia militar. El caso estrella que enseña en primer plano: el padre de Frank Zappa, especialista en guerra química. La implicación es tan sutil como un martillo: ¿casualidad o casting de Langley? El narrador no se corta: mucha gente “dropped out of society”, y eso, dice, hacía “a little easier to combat” a quienes protestaban de verdad.
El broche de oro es un agente de gafas de sol sacando la lengua y haciendo el cuerno, con el texto: Quizás la CIA estaba regalando ácido.. Es decir: no solo lo investigaban; igual lo regalaban. El post resume todo el argumento en una frase: a la CIA le habría venido de perlas que todos fuéramos un poquito más chill.
La gracia (o el terror, según el día) es que parte de la historia sí está documentada. MKUltra existió. Kesey sí participó en ensayos con LSD. Los Acid Tests sí existieron. Que de ahí se salte a “toda la contracultura fue un producto de marketing institucional para desactivar el movimiento antibélico” ya es otra liga: la de David McGowan (Weird Scenes Inside the Canyon) y Tom O’Neill (Chaos), los dos libros que los comentarios del post recomiendan como si fueran el prospecto del medicamento.
El vídeo no pretende ser un paper de Harvard. Es plastilina con tesis. Y funciona precisamente por eso: convierte una teoría oscura en un teatrillo de feria donde el Tío Sam no dispara misiles, sino que reparte sellos de ácido y espera que la revolución se disuelva en un jam session.
The CIA would prefer if we’d all just be a little more ‘chill’ pic.twitter.com/SERTpFhf60
— SGAnon (@TheQNewsPatriot) September 25, 2026
Uno puede tomárselo como broma, como metáfora o como manual de instrucciones de cómo neutralizar una generación. Lo que no se puede negar es el eslogan. Si la CIA realmente diseñó el movimiento hippie, hay que reconocerle el copywriting: consiguieron que “sé más chill” sonara a libertad en vez de a “por favor, deja de molestar”.
Y 60 años después, el mismo mensaje sigue circulando. Solo que ahora no hace falta un autobús pintado. Basta un feed.





















































