Ya tenemos el episodio de la temporada. El de la policía que llora, el casco azul apretado contra el pecho y el texto flotante que lo explica todo: «Cuando quienes protegen al pueblo también rompen a llorar, es que algo está fallando». Correcto. Falla algo. Lo que no falla es el timing: un mes después de que Ceuta se tragara una avalancha de decenas de miles de personas con cinco guardias en tierra y cinco buceadores, llega el vídeo emotivo para que los moñas aflojen.
Víctor Sánchez del Real lo eleva a catecismo: son sus madres, sus padres, sus hermanos, sus hijos, los del cole y los del fútbol. No debe haber grietas. Quien las busque hace el juego a los enemigos de España. Traducción: la agente puede llorar, el pueblo debe callar. Si alguien menciona que la frontera se defendió con un puñado de efectivos, que el CNI y Marlaska se tiran los avisos a la cabeza, que Sánchez tardó tres días en coger el teléfono a Vivas y un mes en declarar aquello de interés para la Seguridad Nacional, entonces ese alguien es prácticamente un agente de Rabat. El uniforme llora. El despacho factura. Y el analista de salón declara sagrada la relación.
Son sus madres, son sus padres, sus hermanos, sus hijos, sus amigos del fútbol o del cole de los niños. Y no debe haber grietas en esta relación. Quien las busque hace juego a los enemigos exteriores e interiores de España. https://t.co/lk6MYu0Nwj
— VíctorSánchezdelReal (@sanchezdelreal) August 26, 2026
Es un truco viejo y muy rentable. Primero se deja que la ciudad se pudra. Después se filma el llanto de quien está abajo —que no decide el decreto, ni el refuerzo, ni la hora a la que llega el Ejército— y se convierte en airbag institucional. Son de los nuestros, luego no pregunten. Como si criticar a Interior fuera pegarle a la prima de Algeciras. Como si la cadena de mando fuera un equipo cadete y el comentarista, el padre que pega el grito si alguien pita un fuera de juego.
Mientras tanto, en Ceuta, los ceutíes aplauden.
Aplauden a Policía Nacional, Guardia Civil y Ejército. Gritan viva el Rey. Y, en el colmo del surrealismo, rodean a Juan Jesús Vivas con un sí se puede que parece calcado del 15M. Gualtrapa lo resume sin anestesia: caballa, que te den por culo, ahí os coman vivos. Y en el otro tuit: viendo esto, poco les pasa.
En Ceuta aplauden a Policía Nacional, Guardia Civil y Ejército, que con su inacción llevan permitiendo que la ciudad lleve invadida un mes. Además gritan Viva El Rey.pic.twitter.com/pRTdpANNUJ
— gUalTrApA ⚖️🇪🇸𝕏 (@gualtrapa) August 26, 2026
Caballa tengo una cosa que decirte; que te den por cuIo, ahí os coman vivos.🖕🏻
Aquí los "caballa" aplaudiendo a Juan Jesús Vivas en Ceuta y con gritos de Si Se Puede al más puro estilo Podemos el 15Mpic.twitter.com/27ZbSgQjX6
— gUalTrApA ⚖️🇪🇸𝕏 (@gualtrapa) August 26, 2026
Viendo esto, poco les pasa
Tiene razón.
Porque no se trata de odiar al agente que lleva 26 días partiéndose la cara. Se trata de no convertir el aplauso en absolución colectiva de un mes de inacción. Se trata de no transformar el hartazgo legítimo en un sí se puede dirigido al mismo presidente local que lleva años administrando la plaza y que ahora recoge ovaciones mientras la ciudad sigue invadida. Se trata de no gritar viva el Rey como si la monarquía hubiera aparecido por el Tarajal con un batallón el 30 de julio. Y se trata, sobre todo, de no usar el abrazo a una policía emocionada para prohibir que se diga en voz alta lo obvio: que la frontera se dejó abierta, que los refuerzos llegaron tarde y que el decreto de agosto con vigencia hasta Nochevieja es el reconocimiento tardío de un fracaso.
El lacrimógeno necesita al pueblo agradecido. Necesita la foto del abrazo, la bandera, el no hay grietas. Porque si el pueblo, en vez de aplaudir, pregunta por qué se permitió que la ciudad llevara un mes así, el relato se rompe. Gualtrapa no está insultando a la gente por ser de Ceuta. Está señalando la estupidez de aplaudir a las instituciones que, con su pasividad, han convertido tu casa en zona de tránsito permanente. Es el mismo mecanismo de siempre: primero te dejan solo; después te ofrecen el pañuelo; y si no lo aceptas con gratitud, eres el problema.
Hay quien ve en el sí se puede un grito de dignidad. Otros vemos un eslogan reciclado que, en boca de quienes llevan un mes soportando lo insoportable, suena a rendición disfrazada de esperanza. Como si la solución pasara por ovacionar a Vivas y no por exigir que alguien, de una vez, devuelva a los que entraron y blinde de verdad el perímetro. Como si el problema fuera de ánimo y no de soberanía.
La agente puede llorar. Está en su derecho. El ceutí puede estar desesperado. También. Lo que no debería poder es este teatro en el que el llanto se convierte en dogma y el aplauso en prueba de pureza patriótica. Sánchez del Real pide que no haya grietas. Los ceutíes aplauden. Y Gualtrapa, con la elegancia de quien no se anda con paños calientes, les dice lo que muchos piensan y pocos se atreven a escribir.
Porque si después de un mes de invasión —o de «afluencia masiva y simultánea», según el eufemismo del BOE— la respuesta es el abrazo, el viva el Rey y el sí se puede a Vivas, entonces el problema no es solo de Madrid. Es también de quienes, en la propia Ceuta, parecen dispuestos a convertir el abandono en emoticono de bandera y el fracaso en capítulo de telenovela.
El enemigo exterior no necesita tanto esfuerzo. Con el folletín interior —lágrimas por un lado, ovaciones por el otro— le basta. El capítulo lacrimógeno ya está rodado. El de las responsabilidades sigue en postproducción. Con fecha de estreno, si nadie se cabrea de verdad, el 31 de diciembre.

























































