Cuatro años pasan volando cuando vives entre vapor, encuestas y traiciones bien enjabonadas. Paco Sandoval ya no era solo el Presidente. Era el Presidente. El hombre que había convertido La Moncloa en un balneario de poder donde las decisiones importantes se tomaban siempre a 42 grados y con baja iluminación.
Leticia había perfeccionado su rol: era la primera dama, la jefa de gabinete en la sombra y, en las noches más tensas, la terapeuta de crisis con final feliz. Don Ramiro, ya octogenario pero con la libido y la ambición intactas, seguía siendo el gran financiador y el proveedor de “asesores” discretos.
La campaña de reelección empezó con un eslogan que rompió todos los récords de memes:
“Cuatro años más de buen jabón”.
La oposición intentó atacar con el vídeo de la sauna filtrado años atrás. Paco, en el primer mitin grande en Sevilla, lo convirtió en oro puro:
—Dicen que tengo un pasado. ¡Claro que tengo un pasado! Lo que no tienen ellos es un presente con resultados. Mientras ellos hablan, yo sigo tocando los problemas donde más duele… y solucionándolos.
La gente se rio. Los jóvenes lo subieron a TikTok con filtros de vapor. Las encuestas subieron como la espuma.
Pero el verdadero desafío llegó en forma de cumbre internacional en Madrid. Líderes de medio mundo se reunieron para hablar de energía, migración y “estabilidad”. Paco, como anfitrión, organizó una cena oficial… seguida de una “sesión de relajación” en las instalaciones termales recién inauguradas en Moncloa (presupuesto camuflado como “inversiones en bienestar ciudadano”).
Todo iba bien hasta que el primer ministro italiano, un tipo con más pelo en el pecho que escrúpulos, se pasó de copas y empezó a contar chistes sobre “presidentes que vienen del oficio más antiguo del mundo”.
Leticia intervino con elegancia. Don Ramiro con una botella de grappa. Y Paco, como siempre, con una sonrisa y una propuesta:
—Mañana firmamos los acuerdos. Esta noche… relajémonos como hombres de Estado.
La foto oficial de la cumbre salió con todos los líderes sonrientes y algo desaliñados. Nadie supo nunca qué pasó exactamente en aquella sauna diplomática, pero al día siguiente se firmaron tres tratados que beneficiaban a España de manera milagrosa.
La noche electoral fue otro triunfo. Mayoría absoluta otra vez. Paco salió al balcón de Moncloa con Leticia de la mano, Don Ramiro detrás y Víctor Lagos ya borracho cantando el himno.
—¡España ha vuelto a elegir el cambio! —gritó Paco—. ¡Y este cambio viene con garantía de suavidad y duración!
Esa madrugada, en la suite presidencial, Leticia le quitó la corbata y la chaqueta lentamente.
—¿Sabes qué es lo mejor? —le susurró—. Que ya nadie recuerda de dónde venías. Solo ven adónde has llegado.
Paco la miró con esa mezcla de cariño, lujuria y cálculo que nunca había perdido.
—Todavía me acuerdo yo todos los días. Y por eso nunca bajo la guardia. Porque sé que en este país, como en la sauna, siempre hay alguien esperando para darte un jabonazo por la espalda.
Don Ramiro entró sin llamar, como siempre, con dos botellas de champagne.
—Brindemos, señor Presidente. Por el chico que enjabonaba culos… y ahora enjabona naciones.
Paco levantó su copa, miró al techo y sonrió.
—Y que dure… mucho más que una legislatura.


























































