¡Atención, pueblo español con memoria de pez frito! Acaba de aparecer en X un post que te deja con la boca abierta… y no precisamente por el olor a aceite de colza reciclado. El bueno de @VelodeDioses nos recuerda, con cara de “esto es más oscuro que un garrafón de mercadillo”, el “mayor envenenamiento masivo de la historia de España”. Primavera de 1981. Empresas malvadas vendiendo aceite industrial desnaturalizado con anilina como si fuera oro líquido de oliva. Familias humildes comprándolo a precio de saldo. Más de 20.000 enfermos, cientos de muertos y, lo más perturbador según el post: “40 años después, la ciencia aún no sabe con exactitud qué sustancia del aceite lo causó todo”.
¡Ja! ¡JA! ¡JAJAJAJA! (risas enlatadas de telenovela de los 80).
O sea, el post se agarra al aceite como un náufrago a un bidón de colza y dice: “Mira, todavía no sabemos qué demonios había en esa porquería”. Y aquí viene la parte que hace que hasta el aceite de oliva se ría en su botella: no fue el aceite, crack. Nunca lo fue. Fue una coartada más grasienta que un churro de feria.
Imagina la escena de 1981 como un capítulo de Los Simpson pero en versión trágica y con ministros de UCD. La gente se muere como moscas: fiebre, tos, pulmones como piscinas, parálisis… Los médicos flipando. Y de repente, ¡eureka! “¡Es el aceite barato del mercadillo!”. ¿Tomates? No. ¿Lechugas? Tampoco. ¿Pesticida Nemacur de Bayer que se coló en las ensaladas? Shhh, calla, hereje. Firmas el papelito que dice “aceite tóxico” o te quedas sin indemnización. Ciencia disidente cesada, informes que desaparecen más rápido que un chorizo en la nevera y un juicio donde las condenas fueron tan ridículas que hasta el aceite se sintió ofendido.
El post insiste: “Lo vendían en mercadillos, barato, a familias humildes”. Claro, porque nada grita “conspiración” como un garrafón sospechoso con etiqueta escrita a mano. Pero los que han escarbado un poco más hondo (y no precisamente con una baguete) apuntan a otra cosa: un pesticida experimental, escapes de armas químicas de bases militares, o directamente un “oopsie” de laboratorio que alguien tapó con un mantel de cuadros y un “¡que sea el aceite, coño!”.
Os acordáis?
— El Velo de los Dioses (@VelodeDioses) April 17, 2026
🚨 El mayor envenenamiento masivo de la historia de España.
En la primavera de 1981 varias empresas vendieron aceite industrial -desnaturalizado con anilina- como si fuera aceite de oliva.
Lo vendían en mercadillos, barato, a familias humildes.
Más de 20.000… pic.twitter.com/iiZQdkj5N1
Cuarenta y cinco años después (sí, ya pasó el aniversario), seguimos con la misma cantinela oficial: “Fue el aceite, confía en la ciencia… que todavía no sabe qué pasó”. Es como si el gobierno nos dijera: “Mirad, el culpable está en la cocina, pero no preguntéis por el laboratorio de al lado”. Mientras tanto, los afectados siguen luchando por justicia y el resto de España piensa: “¿Aceite tóxico? Yo solo recuerdo que el pan con tomate sabía raro ese año”.
Moraleja del post que no puede estar más equivocado: si ves un garrafón de aceite a precio de risa en un mercadillo… compra. Total, según la versión oficial, lo peor que te puede pasar es que la ciencia siga sin entenderlo en 2069. O, quién sabe, que te salga un tomate con superpoderes pesticidas.











































