España en 2026: el país donde un volcán entra en erupción, pero el verdadero drama nacional es si Sarah Santaolalla lleva o no el cabestrillo por teatro.
Mientras el país se hunde literalmente en varios sentidos, los españoles hemos demostrado una capacidad de priorización digna de estudio psiquiátrico. Tenemos:
- Encierros ilegales que parecen organizados por el mismo genio que diseña las colas de la Seguridad Social.
- Vacunas que te convierten en imán para el 5G o en conejillo de Indias de Bill Gates.
- Volcanes que deciden tomarse unas vacaciones activas y regalarle a La Palma un nuevo barrio residencial de lava solidificada.
- Inundaciones que ya no son «catástrofes naturales».
- Trenes que se estrellan o descarrilan con la misma puntualidad que un político prometiendo bajar impuestos.
- Apagones que nos devuelven al medievo, pero sin los caballeros ni las doncellas.
- Y jóvenes que mueren en una pasarela de Cantabria en circunstancias que claman a los cuatro vientos por una investigación seria… pero nah, mejor hablar de otra cosa.
¿Y cuál es el tema que lleva meses ocupando tertulias, columnas de opinión, hilos infinitos en X, portadas de programas matinales y hasta comisiones en el Senado?
Sarah Santaolalla.
Sí, la tertuliana estrella del sanchismo, la reina del cabestrillo polémico, la mujer que ha convertido su brazo lesionado (o no lesionado, según a quién le preguntes) en el nuevo DNI nacional de la polarización. Hemos pasado más tiempo debatiendo si su cabestrillo era Prada o fake, si Vito Quiles la acosó o si ella lo acosó a él con la mirada, si el Gobierno la enchufó, si es mártir feminista o víctima fabricada de la ultraderecha, que analizando por qué un tren puede chocar contra otro tren en el mismo carril como si fuera una partida coches de choque.
Es admirable, en el fondo. En cualquier otro país del mundo, cuando mueren chavales en una pasarela mal mantenida, la gente pide dimisiones, investigaciones y cabezas. Aquí no: aquí pedimos más tertulias sobre si Sarah Santaolalla dijo «idiota» en plural o en singular al referirse a los votantes del PP y Vox. Porque claramente eso es lo que va a salvarnos de la próxima inundación, del próximo apagón o del próximo volcán que decida que Canarias necesita más terreno.
España 2026: donde hay cuento cambiático, siendo el verdadero calentamiento global el que provoca el gripado de Twitter cada vez que Sarah publica un storie con el brazo en alto. Donde los jueces archivan causas más rápido que un político cambia de opinión, pero el Supremo de las redes sigue juzgando en apelación eterna si el cabestrillo era necesario o solo un accesorio de moda progre.
Y mientras tanto, el país se inunda, se apaga, se descarrila y se quema… pero tranquilos, que en el próximo bloque de ‘Mañaneros 360’ nos van a explicar si el verdadero peligro nacional es el fascismo, el cambio climático o que a Sarah le hayan dicho «mitad tonta, mitad tetas» en un programa. Prioridades, señores. Prioridades.
Porque en este circo ibérico, el payaso principal ya no es el Gobierno ni la oposición: es el espectador que, con el móvil en la mano y el café frío, sigue dándole play al siguiente vídeo de «Sarah Santaolalla responde».
Aplausos, por favor. O mejor aún: un apagón colectivo. A ver si así nos ponemos a hablar de lo que realmente importa… aunque sea a la luz de las velas.







































