Desde el 1 de enero de 2026 la V16 conectada sustituye a los triángulos. Hay que llevarla, hay que activarla en caso de inmovilización y, en teoría, avisa a la DGT 3.0. El precio inicial se situó en la horquilla de 40-50 euros (a veces más) porque incluía la conectividad de al menos 12 años. El Estado, de paso, se llevaba el IVA. El parque a cubrir se estimaba en torno a 30-31 millones de vehículos.
Llegó Navidad de 2025, el miedo a la multa (80 euros por no llevarla o no señalizar, según la DGT; en la práctica a veces se habla de 200 si no señalizas nada) y el pico de compras. Luego, silencio. Fuentes del sector hablan de menos de 14 millones vendidas; Pere Navarro ha llegado a citar 18. En cualquier caso, muy lejos de cubrir el parque. La demanda se paró en seco en enero. Los almacenes se llenaron. Los importadores, sobre todo de modelos chinos revendidos con decenas de marcas, empezaron a tirar precio para no quedarse con pilas muertas en las estanterías.
Hoy hay unidades homologadas y conectadas (con IoT, IMEI y el sello que pide Tráfico) a 7-8 euros. Las que costaron 49,99 hace no tanto. Quienes esperaron, ganan. Quienes compraron pronto «por si acaso», sienten que les han tomado el pelo. Quienes compraron las no conectadas que se vendieron a mansalva antes de 2026, tienen un pisapapeles con pila. Ya pasó. Ya se sabía que iba a pasar.

La chapuza que todos veíamos venir
Cuatro años de normativa, poca campaña clara, mensajes contradictorios («al principio seremos flexibles», «puedes seguir usando triángulos si quieres», «no, solo la V16»), homologaciones que luego se retiran y un dispositivo que solo existe como obligación en España. Europa mira y sigue con los intermitentes de emergencia o con los triángulos. Aquí se montó un mercado de 1.000-1.500 millones de euros sobre un producto que mucha gente no veía (literalmente: hay quejas de visibilidad en autovía) y que la Guardia Civil, en la práctica, no está pidiendo de forma sistemática. Multan más por no señalizar el percance que por no tener el aparatito en la guantera.
Los «negacionistas» (los que dijeron que en su coche no iba a entrar) y los que esperaron a que bajara el precio salen, de momento, más listos. Los que corrieron a pagar 50 euros tienen derecho a estar cabreados. No solo es que el producto sea basura en todos los casos; es que el relato oficial («es barato si lo divides entre 12 años», «es por tu seguridad») se ha estrellado contra la oferta y la demanda reales.
Y al final… se acabará diluyendo
Esto no es un pronóstico místico. Es el patrón de otras obligaciones mal explicadas, mal comunicadas y mal ejecutadas: primero el anuncio solemne, luego el pico de miedo, después el stock muerto, después el precio de saldo y, con el tiempo, la relajación. Si la mitad del parque no la ha comprado y los agentes no la piden en cada control, la norma se convierte en un adorno caro. Algunos fabricantes ya liquidan como sea. Dentro de un par de años, cuando caduquen las primeras conectividades o cuando Europa no copie el invento, no sería extraño que se suavice, se ignore o se retire con la misma discreción con la que se impuso.
Mientras tanto, si todavía no tienes una y te da por cumplir, ahora es el momento más barato de la historia de este peculiar invento español. Si ya pagaste 50, consuélate: al menos tienes un objeto con el que señalar el lugar exacto donde te timaron. Y si no la usas nunca, también sirve de pisapapeles. Como tantas otras cosas que «iban a salvar vidas» y acabaron en el cajón.
Lo sabíamos. Lo único que faltaba era que los almacenes se llenaran y el precio se fuera al suelo. Ya está.















































