Había que esperar a PACMA. No a Interior, que habla de «afluencia masiva y simultánea». No a Moncloa, que prefiere «personas en movilidad». No a esa fauna institucional que, ante 70.000 entradas en una ciudad de 85.000 habitantes, descubre de pronto el poder terapéutico de los eufemismos. No. Ha sido el Partido Animalista.
El viernes colgaron en X un comunicado con un titular que, en otro país, habría sido un error de copy. En este, es literatura: «Comunicado sobre la situación de los animales en Ceuta».
El resto de España tardó tres segundos en entenderlo. Un usuario lo resumió con la precisión de un titular de Marca: «por fin un partido se anima a llamarles así». Otro, menos lírico, les diseñó un logo nuevo. El original de PACMA, con su verde de protectora de domingo, no sobrevivió al contraste.
Lo más cruel no es el chiste. Es que PACMA no quería hacer el chiste.
El texto es un monumento a la cautela. Hay una oca metida en una bolsa con las patas inmovilizadas junto al CETI. Hay una cría de delfín en la playa del Trampolín. Hay «versiones contradictorias»: unos dicen que la sacaron del agua y la golpearon; otra versión —siempre hay otra versión— sostiene que el animal llegó ya muerto «por causas desconocidas». Y, por si el lector se estaba emocionando, el partido avisa de que no hay que instrumentalizar el sufrimiento «para fomentar el odio».
Es decir: el mismo partido que lleva años llamando asesinos a los aficionados a los toros ha descubierto, en Ceuta, las virtudes del condicional.
El Faro de Ceuta y varias asociaciones locales no se anduvieron con tanto subjuntivo. La cría nadaba cerca de la orilla. La sacaron. La exhibieron. Hay testigos que hablan de un palo en la cabeza. El animal acabó muerto. PACMA, mientras tanto, se reservaba el derecho a que el delfín se hubiera suicidado por causas desconocidas, quizá de pena por el conflicto político entre países.
El contraste es de manual. Cuando el maltrato ocurre en una plaza de toros, PACMA no pide «no generalizar». No habla de versiones. No recuerda que el sufrimiento no debe usarse para fomentar el odio hacia los de Vistalegre. El animal es la víctima y punto. En Ceuta, de pronto, el animal sigue siendo la víctima… pero el verdugo tiene nacionalidad, contexto, situación administrativa y un párrafo entero de condicionales para no herir sensibilidades.
Por eso el titular les ha estallado en la cara. Ellos querían decir «delfines, ocas y gatos». El país ha leído «por fin alguien lo dice». Y no es extraño. Llevamos un mes en el que a los que saltan la frontera se les llama de todo menos lo que son en el parte policial: entraron en masa, saturaron una ciudad, agredieron a militares, montaron campamentos y, cuando el relato se queda sin adjetivos oficiales, todavía hay quien se ofende si alguien pronuncia la palabra invasión.
PACMA ha hecho, sin querer, el experimento lingüístico definitivo. Ha demostrado que en España se puede decir «animales» en un comunicado institucional y que media red lo tomará como un acto de valentía política. No porque el partido lo pretendiera —Dios los libre—, sino porque el resto del tablero lleva semanas llamando «crisis humanitaria» a un asalto y «convivencia» a un colapso.
El comunicado, leído con lupa, es bastante más tibio que su titular. Piden comida, agua y techo para quienes siguen fuera de los recursos de acogida. Condenan el maltrato «con independencia de quién lo cometa». Exigen responsabilidades individuales, no colectivas. Todo muy correcto. Todo muy de nota de prensa que ha pasado por tres filtros de riesgos reputacionales.
Pero el titular se les escapó. Y el titular es lo único que sobrevive en este país.
Uno imagina la reunión. Alguien propone «Comunicado sobre los incidentes de fauna en el contexto migratorio de la ciudad autónoma». Otro, más cansado, escribe «la situación de los animales en Ceuta» y pulsa enviar. Fin de la revolución verde. Principio del trending topic.
Si el delfín hubiera aparecido en una finca de lidia, a estas horas tendríamos una concentración en Sol, un hilo de 40 tuits y una petición de ilegalizar no sé qué. Como apareció en el Trampolín, entre colchones, carpas y la Guardia Civil, el partido animalista ha optado por el género más español de todos: la condena con asterisco.
Aun así, hay que reconocerles el mérito. En un ecosistema donde el Gobierno habla de afluencias, la oposición de invasiones y las televisiones de «imágenes que indignan», PACMA ha encontrado la palabra que todos los demás esquivan. La ha usado para referirse a un cetáceo. El público, menos sofisticado, la ha aplicado al resto del paisaje.
Por una vez, el partido de los animales ha hecho política de verdad: ha dicho una cosa, ha querido decir otra, y el país ha entendido una tercera. En Ceuta, de momento, esa tercera es la que más se parece al vídeo.
COMUNICADO SOBRE LA SITUACIÓN DE LOS ANIMALES EN CEUTA.https://t.co/7Flc1fiz5Y
— PACMA (@PartidoPACMA) September 4, 2026



















































