En un gesto que pasará a los anales de la coherencia socialista, la diputada y portavoz Montse Mínguez ha anunciado que da un paso atrás. Lo hace, según su propio comunicado, “con la conciencia tranquila, la cabeza alta y la fidelidad intacta a mis principios”.
Y tiene razón. ¿Qué principios son esos? Los de que la vivienda es un derecho y no un negocio, claro. Principios que se mantienen impecables incluso cuando tu pareja dirige un holding inmobiliario (Nest Capital y compañía) con al menos una treintena de pisos en alquiler, inversiones inmobiliarias que superan los seis millones y varios desahucios por impago a sus espaldas. Porque una cosa es el relato y otra es el registro mercantil.
La dimisión llega en el momento perfecto: justo cuando el Gobierno ha convertido la vivienda en la bandera de la precampaña, ha señalado con el dedo a “fondos buitre” y “pymes carroñeras” (incluso a empresas con un solo piso) y ha prometido que los desahucios son cosa del pasado. Mientras tanto, el entorno familiar de la portavoz practicaba el derecho a la vivienda de una forma más… práctica: comprando edificios, rehabilitando y alquilando, y recurriendo a los juzgados cuando el inquilino no pagaba. “Si no paga, se le desahucia”, llegó a decir ella misma. Principios intactos, como prometía.
Con la conciencia tranquila, la cabeza alta y la fidelidad intacta a mis principios. https://t.co/br2Hdco5y4
— Montse Mínguez (@montseminguez) October 16, 2026
El comunicado, publicado en castellano y catalán para que nadie se pierda la grandeza del gesto, habla de “momento decisivo”, de la ultraderecha a las puertas y de la responsabilidad por encima de cualquier consideración personal. Faltaba la coletilla: “excepto cuando la consideración personal es un holding de treinta viviendas y un par de sociedades en Panamá”. Pero eso ya lo entendemos por contexto.
Se está mejor, efectivamente, siendo gran propietaria (o pareja de gran propietario). Los principios se defienden con más serenidad cuando el patrimonio está diversificado, los desahucios están judicializados y la Ley de Vivienda tiene la amable particularidad de no aplicarse exactamente igual en todas partes. La conciencia, en esos casos, no solo está tranquila: está perfectamente amueblada.
Así que gracias, Montse, por el ejemplo. Has demostrado que se puede salir con la cabeza alta, la fidelidad intacta y el balance patrimonial en orden. El socialismo, al final, también es un negocio familiar. Solo que a veces el negocio familiar tiene más metros cuadrados que el programa electoral.


























































