Oiga, ¿es el enemigo? Mire, que le llamábamos para decirle que íbamos a pasar por Ceuta a ver a los nuestros, pero si es un inconveniente se lo dejamos para otro día. Que no queremos una escalada. Que usted está ocupado. Que ya nos apañamos desde Toledo.
Así, más o menos, suena la última doctrina estratégica española según ha contado The Objective: el jefe del Ejército de Tierra, el general Amador Enseñat, no pisa Ceuta en plena crisis con Marruecos para no enfadar a Marruecos.
Hay que reconocerlo: es una innovación táctica. Clausewitz hablaba de imponer la voluntad al adversario. Aquí se ha invertido el principio. La voluntad del adversario se consulta primero, por si acaso molesta.
El frente, pero sin pisarlo
Desde el 30 de julio, cuando más de 80.000 personas cruzaron hacia Ceuta, hay desplegados más de 3.000 militares. La gran mayoría son de Tierra. Es decir: el ejército cuyo jefe no puede ir a verlos.
La ministra Robles sí fue. El Jemad, el almirante López Calderón, también. El general de Tierra, no. Fuentes militares lo resumen con una frase que parece sacada de un monólogo de Gila, solo que dicha en serio: «No le han dejado ir. En mitad de una crisis… no toca, para evitar una escalada».
Traducción libre: el enemigo —o el vecino, o el socio, o como se le llame esta semana— podría interpretarlo mal. Y si lo interpreta mal, se enfada. Y si se enfada, hay escalada. Y si hay escalada, entonces sí que habría que ir. Pero como no se quiere ir, mejor no ir. Es un círculo virtuoso. O vicioso. Según se mire desde el Hacho o desde el Palacio de Buenavista.
El general, eso sí, sigue la crisis de cerca. El 26 de agosto acompañó a Robles a Sevilla, a pasar revista a la Fuerza Terrestre, que es precisamente la unidad llamada a intervenir si alguien se toma Ceuta más en serio de lo debido. El viernes estuvo con el Rey en el Museo del Ejército de Toledo, contemplando España en los Estados Unidos. Lo cual, en términos de geografía militar, queda a una distancia prudencial del Tarajal.
No se puede decir que no esté informado. Se puede decir que está informado a distancia. Como Gila, que dirigía la guerra desde el teléfono.
Protocolo de no molestar
La doctrina Gila aplicada a 2026 tendría un manual breve:
- Si hay 3.000 de los tuyos en el sitio más caliente del mapa, no vayas.
- Si vas, el otro podría pensarse que te importa.
- Si se piensa que te importa, podría ponerse nervioso.
- Si se pone nervioso, hay escalada.
- Si hay escalada, ya no sirve de nada no haber ido.
- Conclusión: no vayas, y dile a tus soldados que el jefe los sigue de cerca, que es una expresión técnica que significa «desde otra comunidad autónoma».
Un teniente general retirado lo llama «situación híbrida» y defiende que el JEME se quede «en la sombra» para no interferir con el mando operativo del Jemad. Es una explicación institucionalmente impecable. También es la primera vez que «estar en la sombra» se presenta como un acto de cortesía internacional.
En el Ejército, dicen las mismas fuentes, hay «gran malestar» y «cabreo generalizado» por lo que consideran apaciguamiento. Algunos lo comparan con lo del Sáhara en 1975. Otros, más prácticos, se limitan a patrullar mientras les lanzan cosas los que entraron el 30 de julio y no tienen prisa por volver. El general no está. No vaya a ser que su presencia se interprete como que la patrulla va en serio.
¿Es el enemigo? Dígale que no se levante
Lo más gila del asunto no es que el jefe de Tierra no vaya. Es la razón. No se argumenta que el viaje sea innecesario, ni que el calendario no cuadre, ni que el general esté en maniobras en Letonia. Se argumenta que su bota sobre el asfalto ceutí podría leerse en Rabat como un gesto hostil.
Uno imagina el parte de operaciones:
— Mi general, las tropas preguntan si va a venir. — Dígales que las valoro enormemente. — ¿Y si preguntan desde dónde? — Desde el museo. Hay una exposición muy buena. — ¿Y si el vecino se ofende de todas formas? — Entonces no le habremos dado motivo. Habremos sido educados. En la guerra, la educación es lo primero. Sobre todo si uno no piensa ganarla a gritos.
Gila llamaba al enemigo para avisarle: «Que vamos a atacar a las cinco, a ver si pueden estar». Aquí se ha perfeccionado el gag. Ya ni se avisa. Directamente se cancela el ataque —perdón: la visita— para que el otro no tenga que interrumpir la sobremesa.
El Estado Mayor de Tierra insiste en que Enseñat sigue todo «de cerca» desde finales de julio. Nadie duda de que sea verdad. El problema, para los que están en Ceuta, es que «de cerca» y «aquí» no son sinónimos. Un general puede seguir una crisis desde Sevilla, desde Toledo o desde el sofá. Sus soldados, no. Ellos ya pisaron el frente. El frente, en este caso, es una ciudad española.
Epílogo en tono de centralita
— ¿Diga? — ¿Es el enemigo? — Depende. ¿Quién llama? — El Ejército de Tierra. Llamábamos por lo de pasar a ver a los nuestros. — ¿Con el general? — El general, precisamente, preferiría no molestar. — Entonces no vengan. — Perfecto. Era lo que queríamos oír. Que pase un buen día. — Igualmente. Y recuerdos a los 3.000. — Se los daremos. Por teléfono. Que no se nos vaya a interpretar mal el saludo.
Al otro lado, en Ceuta, alguien sigue de guardia. El jefe no llega. No toca. Hay que evitar una escalada. La guerra de Gila, al fin, ha encontrado su estado mayor.
El jefe del Ejército de Tierra no pisa Ceuta para evitar una escalada con Marruecos.
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) September 8, 2026
✍️ Una noticia de Antonio Rodríguez.https://t.co/Y9sNo7WrzB






















































