El presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, ha publicado un mensaje en X que ha conseguido lo que parecía imposible: unir a casi todo el mundo en su contra. El texto, en catalán para que no se nos escape ni una coma de solemnidad, reza aproximadamente así:
«Dar voz al discurso antivacunas desde una televisión pública es una irresponsabilidad. En un contexto de creciente desinformación, los medios públicos tienen el deber de informar con rigor y no de amplificar mensajes que ponen en riesgo la salud pública. Nuestra queja y nuestro rechazo ya han sido trasladados a los responsables de @som3cat».
Traducido al castellano coloquial: «Alguien ha dicho en la tele de todos algo que no me encaja y eso no puede ser. He llamado a los de arriba para que lo arreglen».
El hombre que durante la pandemia nos explicó, con cara de funeral y tono de catecismo, que había que quedarse en casa, ponerse la mascarilla hasta en la ducha y pincharse una vacuna experimental de emergencia (la misma que luego resultó tener efectos secundarios que la ficha técnica fue incorporando con el tiempo, como quien añade notas a pie de página después de haber vendido el libro), ahora se escandaliza porque en una televisión pública alguien haya expresado una opinión contraria. La misma televisión pública que, por cierto, durante aquellos meses no se caracterizó precisamente por organizar debates abiertos con científicos disidentes.
El post no ha recibido, por lo visto, ni una sola respuesta favorable. Ni siquiera las cuentas oficiales de rigor han conseguido disimular. Las respuestas van desde el «hipócrita, sois vosotros quienes controláis la CCMA» hasta recordatorios más crudos sobre la falta de consentimiento informado, la ausencia de revisión previa del historial clínico o la censura sistemática de cualquier voz que no cantara el himno oficial. Incluso algún epidemiólogo de los de entonces ha intentado defender la línea, pero ha quedado sepultado bajo la marea de gente que todavía recuerda quién firmaba los decretos y quién salía en la tele a decir que todo estaba controlado.
Donar veu al discurs antivacunes des d’una televisió pública és una irresponsabilitat. En un context de creixent desinformació, els mitjans públics tenen el deure d’informar amb rigor i no d’amplificar missatges que posen en risc la salut pública. La nostra queixa i el nostre rebuig ja han estat traslladats als responsables de @som3cat.
— Salvador Illa Roca (@salvadorilla) October 12, 2026
Lo más gracioso del asunto es el concepto de «irresponsabilidad». Según Illa, lo irresponsable es que un medio público dé voz a alguien que cuestione la narrativa oficial. Lo responsable, en cambio, fue mantener a la población encerrada, imponer un experimento masivo con datos de seguimiento a largo plazo que todavía se están recopilando y tratar cualquier duda como un peligro para la salud pública. La lógica es impecable si se mira desde el lado correcto del micrófono.
Mientras tanto, en @som3cat deben de estar valorando si la próxima vez que alguien mencione la palabra «vacuna» en un tono que no sea el de himno eucarístico hay que poner un cartel de «contenido sensible» o directamente cortar la emisión y poner un documental sobre la bondad de las instituciones. Porque ya se sabe: en un contexto de creciente desinformación, lo importante no es discutir los hechos, sino asegurarse de que solo lleguen al público los hechos que no molesten al presidente de la Generalitat.
Salvador Illa ha hablado. El resto, de momento, ha respondido. Y la diferencia entre una cosa y la otra es, precisamente, lo que más le ha molestado.


























































