Según un estudio reciente publicado con toda la solemnidad del mundo en El Confidencial, unos investigadores han estado mirando ojos en el sur de España y han llegado a una conclusión demoledora: el cambio climático te puede causar cataratas.
Concretamente, por cada grado que sube la temperatura media anual, se registran 370,8 casos más de cataratas por cada 100.000 habitantes. También suben la queratitis y la conjuntivitis. Vamos, que el planeta se calienta y tu cristalino se pone como un vaso de leche cortada.
Uno se pregunta cómo no nos habíamos dado cuenta antes. Toda la vida pensando que las cataratas venían de la edad, de mirar el móvil a oscuras o de haber visto demasiadas veces el mismo anuncio de seguros… y resulta que era el CO₂ el que te estaba empañando la vista.

El mismo planeta que, según esta lógica, te está dejando ciego es el mismo en el que se recomienda mirar un eclipse solar con unas gafas de cartón compradas en el chino de la esquina por 1,50 euros. “Tranquilo, que con esto estás a salvo”, dicen. Mientras tanto, el aumento de 0,7 grados de temperatura media desde 1850 ya te está preparando la cirugía de cataratas a los 42 años.
La ciencia es maravillosa. Ahora resulta que el calor te opaca el cristalino, pero mirar directamente al sol durante un eclipse parcial con un trozo de cartón y un filtro dudoso es una actividad familiar recomendada. Prioridades.
Uno imagina la próxima rueda de prensa: —Señor investigador, ¿y el sol? —El sol es natural. —¿Y el cambio climático? —Ese sí que es peligroso.
Y así seguimos. Mientras tanto, si notas que empiezas a ver borroso, no mires el termómetro. Mira el eclipse. Con gafas de cartón. Que eso sí que es seguro.


























































