Hay momentos en la historia de internet que merecen un monumento. No de mármol, no. De pasta, mayonesa y cuatro Coca-Colas. Y este es uno de ellos.
El tío Paco (@olivospaco) nos ha rescatado del olvido un clásico absoluto de 2014 que sigue siendo tan brutalmente ridículo que te arranca las lágrimas. Literalmente. “Estoy llorando, miradlo hasta el final, no tiene desperdicio”, dice. Y no miente.
La historia es sencilla y a la vez una obra maestra del absurdo humano:
Un tipo cualquiera abre el chat privado de Alejandro Sanz (sí, el de “Corazón Partío”, el de la voz de oro, el que vende discos como si fueran barras de pan) y, en vez de decirle “te admiro” o “me gustaría cantar contigo”, le suelta la lista de la compra completa:
- Pechugas de pollo pero finas
- Chope de pavo
- Mayonesa
- Tomatitos cherry
- Medallones de merluza
- 4 Coca-Colas
- Y el colofón: “Pasta para hacer unos macarrones to buenos con tomate”
Y cierra con un “Y ya está la lista de la compra”.
Alejandro Sanz, que en ese momento debe de estar preguntándose si ha abierto el Twitter o el Frigo, responde con la dignísima indignación que solo un artista puede tener:
«Pero tú eres tonto o qué te pasa? Qué soy tu lista de notas?»
El tipo, lejos de pedir perdón o de desaparecer en un agujero negro de vergüenza, se queda bloqueado en Twitter. ¿Y qué hace? Lo lógico: se va a Instagram y le manda otro mensaje:
«Oye tío, que sin querer me has bloqueado en Twitter Se me olvidaba
- Unas mandarinas
- Helado de strachatela, stratiachela, stratiachela no sé cómo se escribe jajaja»
Resultado: también bloqueado en Instagram. Perfil fantasma. Usuario no encontrado. Fin de la relación comercial entre el fan y su “lista de la compra personal”.
Estoy llorando tu, miradlo hasta el final no tiene desperdicio pic.twitter.com/yO7VT9mGBN
— tio paco (@olivospaco) August 20, 2026
Es la versión moderna de mandar una carta de amor a la Casa Real y que te contesten con un “señor, esto es el Palacio, no el buzón de los enamorados”. Solo que aquí el final es todavía más épico: el bloqueo en cadena.
Y lo mejor es que, once años después, seguimos llorando de risa. Porque en el fondo todos hemos tenido un momento de “espera, ¿esto es el chat de mi jefe o el de mi madre?”. Pero casi ninguno hemos llegado al nivel de pedirle helado de stracciatella a Alejandro Sanz.
Así que gracias, tío Paco, por recordarnos que internet a veces no necesita algoritmos ni inteligencia artificial. Solo necesita a un tipo que confunde a una estrella del pop con el super del barrio.
Y a Alejandro Sanz, por supuesto: si alguna vez te vuelve a pasar, ya sabes. La pasta… que sea para unos macarrones to buenos con tomate.


























































