Hay frases hechas que nacen con nobleza y acaban siendo secuestradas por la realidad. Una de ellas es “tienes más cuento que Calleja”. Su origen es casi tierno: a finales del siglo XIX, Saturnino Calleja Fernández, un editor burgalés de los de verdad, inundó España e Hispanoamérica con miles de cuentos infantiles baratos, ilustrados y moralizantes. Los Cuentos de Calleja eran el primer contacto con la lectura de generaciones enteras. Tanto publicaba el hombre que su apellido se convirtió en sinónimo de “historia”. Luego el pueblo, siempre más listo que los académicos, le dio la vuelta y la expresión pasó a significar exactamente lo contrario: “eres un exagerado, un quejica, un inventor de excusas, un fabulador profesional”.
Y aquí llega el giro de guion que ni el propio Saturnino habría imaginado: más de un siglo después, otro Calleja —Jesús, el de los helicópteros, las cumbres y los programas de aventura— parece decidido a reclamar el título de cuentista en el peor sentido de la palabra.
El 16 de agosto de 2026, el aventurero leonés publica un vídeo cargado de emoción: “Todo mi cariño para las familias de los fallecidos y personas afectadas por la riada de ayer en Manzanedo de Valdueza y Bouzas (Bierzo) León”. Voz quebrada, mirada de preocupación, reflexión sobre lo frágil que es todo… Un clásico de la empatía televisiva.
El problema es el calendario. Justo en esas mismas fechas, las redes se llenaban de imágenes y noticias de Jesús Calleja disfrutando de unas tranquilas vacaciones en La Mareta, la residencia oficial de Lanzarote, invitado por el presidente del Gobierno. Vacaciones, claro, a costa del erario público. Mientras en El Bierzo el agua se llevaba vidas y destrozaba casas, el presentador regresaba a Madrid tras unos días de sol, relax y compañía selecta.
Y entonces se produjo el choque cultural: el mismo hombre que pide “todo mi cariño” para las víctimas es el que, según sus críticos, acaba de pasar unos días de lujo pagados por todos. Lágrimas de cocodrilo, dicen. Esas que, según la leyenda medieval, derraman los cocodrilos mientras se comen a su presa. No porque sientan pena, sino porque les conviene. O, en versión moderna: lágrimas de quien acaba de bajarse del coche oficial y necesita un lavado de imagen exprés.
La ironía es casi perfecta. Saturnino Calleja publicaba cuentos para que los niños aprendieran a distinguir el bien del mal. Jesús Calleja, en cambio, parece especializado en cuentos para adultos: el del aventurero comprometido con su tierra… mientras se toma unas vacaciones de alto standing; el del hombre sencillo que se emociona por las desgracias ajenas… minutos después de haber compartido mesa con el poder.
No es la primera vez que se le acusa de exagerar o de dramatizar. Pero esta combinación de riada trágica + vacaciones en La Mareta + mensaje emotivo ha superado el umbral de lo pintoresco. Ahora no solo tiene más cuento que el Calleja original: tiene más cuento, más lágrimas y más descaro.
Así que, querido Saturnino, dondequiera que estés: perdona. Tu apellido se ha convertido en sinónimo de algo mucho menos inocente. Y el nuevo titular del título, lejos de publicar cuentos infantiles, parece haberse especializado en un género más contemporáneo: el de las lágrimas de cocodrilo con helicóptero de fondo.
Porque, al final, hay cuentos que se leen… y cuentos que se lloran. Y algunos, directamente, se pagan con el dinero de todos.
Todo mi cariño para las familias de los fallecidos y personas afectadas por la riada de ayer día 15 de agosto en Manzanedo de Valdueza y Bouzas (Bierzo) León pic.twitter.com/1VmiVJkhlk
— Jesús Calleja (@JesusCalleja) August 16, 2026


























































