José Pablo López, presidente de RTVE y hombre que parece haber nacido con un mandil de “servicio público” cosido al pecho, ha salido a X a anunciar la gran revolución: “Cambian las caras, se acelera el ritmo. Ni un segundo que perder con la actualidad. Así se reorganiza la pública para seguir marcando la pauta”.
Uno se queda embobado. ¿Cambian las caras? ¿De verdad?
Miren el cartelito que acompaña el tuit y díganme si no es el mismo menú de siempre, solo que con las sillas un poco más giradas:
- Silvia Intxaurrondo vuelve a La Hora de La 1 (porque al parecer el espacio no podía sobrevivir sin su mirada de “esto es periodismo y punto”).
- Jesús Cintora aterriza en Mañaneros 360 (el hombre que convirtió la sobremesa en un mitin con micro de solapa).
- Gonzalo Miró se multiplica: Malas Lenguas por la tarde y otra vez Malas Lenguas un ratito más tarde, por si alguien se había perdido el mensaje.
- Marta Flich y Martín Barreiro en Directo al Grano.
- Y de postre, Anne Igartiburu y Javi de Hoyos en DCorazón, porque hasta el corazón tiene que latir al ritmo del Gobierno.
Es como cuando en una boda te dicen “hemos renovado el catering” y resulta que es el mismo pollo, solo que ahora lo sirven en plato cuadrado.
Cambian las caras, se acelera el ritmo. Ni un segundo que perder con la actualidad. Así se reorganiza la pública para seguir marcando la pauta. pic.twitter.com/28nZTsufRB
— José Pablo López (@Josepablo_ls) August 7, 2026
La “aceleración del ritmo” prometida parece consistir en que los mismos tertulianos de siempre van a poder soltar las mismas opiniones de siempre, pero media hora antes. Nada de perder el tiempo con disidencias molestas, matices o —Dios no lo quiera— alguien que diga “esto del Gobierno no está tan bien”. La pluralidad, en la TVE de López, es un concepto tan abstracto que casi da vergüenza nombrarlo. Es como el unicornio: todo el mundo habla de él, nadie lo ha visto y si aparece lo echan del plató por “romper el tono”.
El presidente de la casa pública presume de “seguir marcando la pauta”. Y vaya si la marca. La pauta es clara: el mismo equipo de siempre, los mismos argumentos de siempre y la misma sensación de que estás viendo el noticiero oficial de Moncloa con un poco más de maquillaje y mejores gráficos. TeleSánchez no se reinventa. TeleSánchez se peina, se pone una camisa nueva y sale a decirte que esto es renovación.
Uno casi espera el próximo tuit: “Hemos cambiado las sillas de sitio. Ahora sí que somos plurales”.
Y mientras tanto, el espectador de a pie, ese que paga la tele con sus impuestos, se pregunta si de verdad hace falta tanta reorganización para seguir escuchando exactamente lo mismo. Porque si esto es “marcar la pauta”, la pauta parece un bucle infinito de los mismos nombres, las mismas sonrisas y el mismo “esto es lo que hay”.
Cambian las caras, dice el presidente. Claro. Como cambian los disfraces en el carnaval de Cádiz: todos distintos… y todos del mismo bando.


























































