Imagina por un segundo que pagas una entrada para ver a una cantante talentosa, con voz de ángel y carisma para parar un tren… y terminas asistiendo a un casting de “La Casa de Papel pero en versión pole dance sin pole”. Eso, queridos lectores, es un concierto de Aitana en 2026. Y no, no es normal. Es tan normal como que tu abuela se presente al Tinder en tanga de leopardo.
El vídeo que circula por X (gracias, @gualtrapa, por el servicio público) es puro arte… del siglo XXI. Aitana, vestida como si hubiera perdido una apuesta con un diseñador de lencería borracho, aparece arrodillada en el escenario, gateando, haciendo splits que ni un contorsionista del Cirque du Soleil, arqueando la espalda como si estuviera practicando yoga para gatos en celo y, por supuesto, dejando que la cámara se deleite con primerísimos planos de… bueno, de todo menos su currículum vocal.
¿Cuál es el OnIyFans de Aitana y por qué sus "conciertos" no son para mayores de 18 años?pic.twitter.com/WZwmJx9Vjg
— gUalTrApA ⚖️🇪🇸𝕏 (@gualtrapa) May 16, 2026
Es tan “artístico” que hasta el público parece incómodo. O sea, uno va a un concierto a cantar “Vas a quedarte” y termina viendo un ritual de humillación que haría sonrojar a un director de cine porno de los años 70. Porque, claro, la empoderada del momento no sube al escenario a cantar: sube a recordarnos que, en 2026, el éxito de una mujer aún se mide por cuántos grados puede abrir las piernas sin que se le rompa la minifalda de tul rosa.
¿Dónde está el feminismo cuando se le necesita? Ah, sí, ocupado tuiteando que “el patriarcado nos obliga a ser sexis”. Claro, cariño. El patriarcado, ese ente todopoderoso, obliga a Aitana a tirarse al suelo como si estuviera buscando las lentillas perdidas mientras un coro de bailarinas en negro (porque contraste, ¿no?) la rodea como si fueran extras de Eyes Wide Shut. ¡Empoderamiento nivel dios!
Y lo mejor de todo: la pobre chica tiene talento. De verdad. Voz, carisma, presencia. Podría estar cantando de pie, con un micrófono y un vestido normal, y llenar estadios. Pero no. Alguien en la discográfica (o en su cabeza, vete tú a saber) decidió que en 2026 ya no basta con cantar bien. Hay que dar espectáculo. Y por “espectáculo” entendemos “striptease con presupuesto de Telecinco”.
Es como si la industria le dijera: “Mira, reina, tienes dos opciones: o mueves el culo como si te persiguiera un enjambre de abejas o te vas a Zara a doblar jerséis”. Y Aitana, que no es tonta, eligió el camino de las lentejuelas y los tacones de plataforma. Resultado: un show que no es para mayores de 18… ¡es para mayores de 30 con crema antiarrugas y terapia psicológica incluida!
Señoras y señores, esto no es empoderamiento. Esto es degradación con luces de neón y coreografía de TikTok. Es la versión moderna de “la mujer objeto”, pero ahora con coreografía y merchandising. Porque nada dice “soy dueña de mi cuerpo” como arrastrarte por el suelo en fishnets mientras 20.000 personas graban con el móvil para subirlo a OnlyFans… gratis.
Así que la próxima vez que alguien te diga que “las mujeres ya no somos objetos sexuales”, mándale el link de este vídeo. Y si te responde “es arte”, pregúntale si también considera arte que tu vecino baile reguetón en calzoncillos en el balcón. Porque, seamos sinceros: si un hombre hiciera exactamente lo mismo, lo llamarían “misógino”, “tóxico” y “degradante”. Pero como lo hace Aitana… ¡es girl power!
Bravo, industria musical. Has conseguido que hasta las abuelas de 80 años digan: “En mis tiempos cantábamos La Macarena y nadie acababa en el suelo como si se le hubiera caído el dentierro”.
Esto no es normal. Esto es Aitana 2026. Y el feminismo, en algún lugar, se está tomando un mojito… sin hielo.





















































