Ayer, en la final de la Copa del Rey, sonó el himno nacional y un sector de la grada se puso como si les hubieran pinchado el chándal con un pincho moruno. ¡Buh, buh, buh! Parecían una manada de focas cabreadas porque el árbitro les había pitado falta. Y claro, los comentaristas de turno se rasgaron las txapelas: “¡Es la libertad de expresión! ¡Es la pluralidad!”. Pluralidad, sí, pero solo cuando el himno es español. Si suena el “Eusko Abendearen” se les cae la lagrimita y se ponen a cantar como si estuvieran en la final de Eurovisión con txakoli en vez de cava.
Pero vayamos al meollo, queridos gudaris de mercadillo, esos valientes que se compran la boina en el puesto del chino de la plaza y el pañuelo de Ikurriña en el top manta. Resulta que esos mismos que abuchean a España como si fuera el primo pesado de la boda, cuando bajan a Bilbao, Vitoria o San Sebastián se encuentran con que sus queridas “vascongadas” están más invadidas que un mercadillo un domingo soleado. Inmigrantes que, según sus propias estadísticas de WhatsApp y barra de bar, delinquen a tutiplén. Y entonces… ¡zas! Se les cae la cara de vergüenza. O no. Porque en vez de reconocer que el problema no es el himno sino la navaja que les han metido en el bolsillo, siguen gritando “¡Gora Euskadi!” mientras se cambian los calzoncillos en el portal.
¡Y qué decir de su romance tóxico con ETA! Ahí sí que se lucen. Jalean a una banda que, según la leyenda urbana, fue montada por la mismísima CIA, bendecida por los jesuitas y financiada con petrodólares de la Guerra Fría. O sea, un producto Made in Langley con imprimátur vaticano. Pero claro, luego van de antiamericanos furibundos: “¡Yankees go home!” gritan mientras se toman un MacMenú con Coca-Cola Zero. Y de la cúpula de la Iglesia ni te cuento: “¡Curas fascistas!” berrean, olvidando que algunos de sus ídolos terroristas tenían confesionario propio y bendición triple. Es como odiar al cocinero pero comerse el cocido entero.
Son los gudaris low-cost, los guerrilleros del Black Friday ideológico. Compran el paquete completo: boina, txapela, odio al español y victimismo 2×1. Luego, cuando el inmigrante de turno les roba la bici o les pincha en el barrio que “era tan nuestro”, se quejan al alcalde… que es del mismo partido que ellos. Y si el alcalde no les hace caso, se van a Twitter a escribir “Euskadi libre” con faltas de ortografía y un emoji de la ikurriña que parece una bandera pirata.
En fin, queridos gudaris de mercadillo: seguid así. Seguid abucheando al himno mientras os robáis a vosotros mismos. Seguid jaleando a los “héroes” de la CIA y luego quejándoos de que “todo está muy caro”. Que el mundo os necesita. Sin vosotros, ¿quién iba a dar carnaza a los memes de los domingos? Sin vosotros, ¿quién iba a demostrar que el nacionalismo radical y el postureo son la misma cosa, solo que uno lleva txapela y el otro selfie en el campo de fútbol?
¡Gora el mercadillo, gudaris! Y que os devuelvan el cambio.











































