Un señor con gorra de Coca-Cola, polo blanco impecable y cara de “hoy conquisto el mundo”. Delante de él, una sartén gigante echando humo como si fuera la caldera del infierno. En una mano, una botella de aceite de soja. En la otra, un machete que parece sacado de una película de Rambo. Su misión, autoproclamada: abrir la botella como los cocineros de TikTok, esos dioses del drama culinario que cortan cebollas con lágrimas de acero y vierten aceite como si estuvieran bautizando un dragón.
El post de @ZorlakRules lo resume todo en cuatro palabras magistrales: “Además de necio, pendejo”. Y el vídeo de 59 segundos es la prueba irrefutable de que TikTok está criando una generación de chefs de acción que confunden cocina con circo romano.
El tipo agarra la botella como si fuera un enemigo jurado. Primer machetazo: nada. Segundo: la botella se ríe en su cara. Tercero: empieza a salir aceite por todas partes menos por donde debería. Para el cuarto golpe ya está bañado en aceite como si acabara de perder una pelea contra una freidora. La sartén, que ya estaba más caliente que el ego del señor, recibe un tsunami de aceite que salpica, burbujea y amenaza con prenderle fuego a todo el vecindario. ¿Y él? Impasible. Sigue macheteando como si el plan B nunca hubiera existido.
Al final, la botella queda como un cadáver de plástico destripado. El aceite, repartido generosamente entre la sartén, el suelo, sus manos y probablemente su dignidad. Luego, como si nada, saca trozos de carne roja (¿langosta? ¿pollo teñido? ¿víctima colateral?) y los tira al desastre aceitoso con la misma solemnidad de quien acaba de inventar la gastronomía molecular. Todo mientras la cámara tiembla de la risa (o del que graba, que claramente no quiso perderse el show).
Además de necio, pendejo.pic.twitter.com/zyS2LXp0sY
— El Troll Ebus (@ZorlakRules) April 14, 2026
Los comentarios del post son poesía popular mexicana:
- “Me quedé esperando el momento en que moviera la mano cerca del fuego y se le prendiera con el aceite.”
- “Se va a cagar de emoción cuando descubra que la madre roja de arriba da vuelta y se abre fácilmente.”
- “Es como ver a un chimpancé jugar con explosivos.”
Y tienen razón. Porque ahí está el daño colateral de TikTok: miles de videos de cocineros con cara de “yo nací para esto”, gafas de sol en la noche, música de acción épica y cortes tan precisos que parecen cirugía láser. El mensaje subliminal es claro: si no cocinas como un gladiador con trastorno de personalidad, no eres chef de verdad.
Resultado: señores normales que nunca han sostenido un cuchillo más afilado que uno de plástico ahora creen que abrir una botella de aceite con machete es “el toque”. Y terminan como nuestro héroe: bañados en aceite, con media botella desperdiciada y la autoestima en el suelo. Todo por imitar a influencers que probablemente tienen un editor que borra los 47 intentos fallidos anteriores.
Moral de la historia (y del post): sí, el TikTok de los cocineros duros está haciendo daño. Mucho. Porque no todos tenemos el timing de un ninja ni la coordinación de un malabarista. Algunos solo tenemos una sartén, una botella con tapa de rosca y dos manos que funcionan perfectamente… si las usamos para girar la tapa en vez de declarar la guerra nuclear al envase.
Así que la próxima vez que vean a alguien en la cocina con mirada de “voy a abrir esto como si fuera el cuello de mi ex”, recuérdenle con cariño: “¿y si mejor la destapas normal? Que el aceite rinde más y tus cejas también.”
Y si no hacen caso… graben. Porque el internet siempre necesita más material para el próximo “Además de necio, pendejo 2: La Venganza del Tapón”.











































