Queridos compatriotas, atención al notición del siglo. Mientras el resto de los mortales nos debatimos entre la inflación, el alquiler y si el bar de abajo sigue teniendo cañas a euro cincuenta, lo más granado de la sociedad española —esa élite espiritual, moral y luminosa que nos ilumina el camino— ha decidido que ya está bien de injusticias. Y no, no es contra la sequía, ni contra los atascos de la M-30, ni siquiera contra los que ponen el aire acondicionado a 22 grados en agosto. No. Es mucho más grave.
La insigne doña (vamos a mantener el anonimato), voz autorizada de la intelectualidad patria (esa que combina la bandera LGTBI, la palestina y la rosa del PSOE en el mismo bio como quien lleva un bolso de Loewe), ha lanzado al éter la pregunta del millón: ¿Se puede convocar una concentración en apoyo de Zapatero ante la Audiencia Nacional el 2 de junio? Yo acudiría.

Y uno se frota los ojos, porque claro, uno pensaba que las concentraciones eran para cosas mundanas como defender la sanidad pública o protestar porque el fútbol ya no se ve en abierto. Pero no. Resulta que José Luis Rodríguez Zapatero, ese ser de luz hecho carne, ese faro ético que nos legó la mejor España posible (la de los 4 millones de parados y los ERE de Andalucía como arte moderno), ahora necesita que la crema de la crema se plante ante los juzgados a gritar “¡yo sí te creo, ZP!”.
Imaginaos el espectáculo. Lo más selecto del progresismo nacional —esa gente que lee a Habermas mientras tuitea desde un piso de 90 metros en Malasaña pagado por papá— formando una piña humana de pureza moral. Allí estarán, con sus pancartas hechas en Canva, sus camisetas de “No pasarán” (versión 2026) y esa mirada de “nosotros somos los buenos, los demás somos fachas cavernícolas”. Porque, claro, cuando a uno de los suyos le investigan por temas que, según ellos, son “lawfare de manual”, ya no es corrupción. Es persecución. Es inquisición. Es que los jueces no han leído a Paulo Coelho.
Y lo mejor es la naturalidad con la que lo piden. Como quien convoca una quedada para tomar vermú. “¿Se puede?” pregunta la señora, con la humildad de quien sabe que su causa es tan noble que hasta el cielo se lo tiene que permitir. “Yo acudiría”, remata, como si estuviera ofreciendo su cuerpo a la ciencia en vez de a una foto con la bandera republicana y el puño en alto.
Porque eso es lo que tiene ser un ser de luz: no te pueden tocar. Ni la ley, ni la realidad, ni los números de los juzgados. Zapatero no es un expresidente al que le estén mirando ciertos asuntos con lupa. Es un santo laico. Un gurú de la ética socialista. Un ente etéreo que flota por encima del Código Penal como un globo de helio con chándal.
Así que ya sabéis, queridos lectores de a pie. El 2 de junio, si no tenéis nada mejor que hacer (como trabajar, por ejemplo), podéis iros a la Audiencia Nacional a vitorear al Ser de Luz. Llevad incienso, si queréis. O mejor, llevad facturas de la luz. A ver si así, entre tanto ser luminoso, alguien os explica por qué la vuestra sigue subiendo.
Y mientras tanto, los de siempre seguiremos aquí, en la plebe oscura y terrenal, pagando impuestos para que la flor y nata pueda seguir convocando concentraciones en defensa de su propia impunidad. Porque eso, amigos, es la verdadera España de las luces. La de los focos apuntando siempre hacia ellos.

























































