Queridos camaradas, tranquilos. Respira hondo, pon Bella Ciao de fondo y repite el mantra: “Esto no está pasando, esto no está pasando”. Porque sí, han tenido la osadía de imputar a José Luis Rodríguez Zapatero. El hombre que nos trajo la burbuja inmobiliaria, la reforma laboral que no reformó nada y aquel “España va bien” mientras todo se desplomaba. Y claro, para la izquierda esto no es una simple diligencia judicial. Esto es el 11-M de los jueces, el asalto al Palacio de Invierno con toga y maletín.
“¡Golpe de Estado!”, gritan en coro. Como si el Tribunal Supremo hubiera entrado en Moncloa con tanques de juguete y hubiera puesto a Feijóo de virrey. Imaginaos el drama: uno de los suyos, imputado. ¡Qué escándalo intolerable! Cuando los imputados son del PP es “justicia divina” y “limpieza democrática”. Cuando toca a los suyos es “lawfare”, “persecución política” y “ataque a la democracia”. La coherencia es para los fascistas, claro.
Lo mejor del espectáculo es la absoluta indiferencia ante el robo en sí. Da igual que te saquen la cartera, que te suban la luz, que te hipotequen el futuro de tus hijos o que te conviertan el país en un solar de enchufados. Lo importante no es qué te roban, sino quién te roba. Si el ladrón lleva la camiseta roja, es “redistribución de la riqueza”. Si lleva la azul, es “corrupción sistémica”. Es como si tu pareja te pusiera los cuernos pero tú solo te enfadases si la otra persona es de derechas. “¡Con un de izquierdas no me importa, es más solidario!”
Esta gente no vota partidos. Pertenece a una secta. Y las sectas tienen dogmas inquebrantables:
- Todo lo malo que pasa es culpa del PP, aunque lleven ocho años fuera.
- Los nuestros no roban, “gestionan de forma creativa”.
- Si un juez investiga a los nuestros, el juez es un golpista. Si investiga a los suyos, es un héroe constitucional.
- La memoria histórica es sagrada, pero la memoria de los ERE, los sobresueldos o las tarjetas black se borra con un simple “eso fue hace mucho”.
Es fascinante. Tienen el umbral moral calibrado con precisión de cirujano: si el ladrón es de Podemos, “era un error de juventud”. Si es de PSOE, “cosas de la Transición”. Si es de ERC o Bildu, “son luchadores por la libertad”. Pero ay como un concejal del PP se lleve cuatro duros: ¡a la cárcel y que tiren la llave! Luego vendrán a darte lecciones de ética mientras defienden que mentir en el Congreso es “una estrategia comunicativa”.
El colmo es que se escandalizan de que alguien ose recordarles que Zapatero dejó el país con 23% de paro, rescate bancario y la sensación de que España era un chiste malo. Pero no, el verdadero problema es que alguien se atreva a investigarlo. Porque en la mente sectaria, los líderes de izquierda son intocables por definición. Son casi sagrados. Criticarlos es blasfemia. Imputarlos es sacrilegio.
Así que nada, sigan gritando “golpe de Estado” cada vez que la Justicia no se arrodille ante el altar del progresismo. Mientras tanto, los demás seguiremos aquí, pagando impuestos para financiar sus congresos, sus chiringuitos y sus indignaciones selectivas. Porque al final, lo que de verdad les molesta no es la corrupción. Es que les recuerden que ellos también la practican.
Y eso, queridos sectarios, sí que duele. Más que cualquier imputación.

























































