Queridos lectores de este planeta Tierra llamado España, 19 de mayo de 2026. En un mismo día, dos realidades paralelas chocan como un Ferrari contra un muro de realidad.
En el universo A (el nuestro, el que paga impuestos y ve las noticias con cara de “¿otra vez?”), José Luis Rodríguez Zapatero acaba de ser imputado por la Audiencia Nacional por blanqueo de capitales, tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental en el caso Plus Ultra. Sí, el mismo expresidente que nos vendió que “España va bien” ahora tiene que explicar qué pasó con aquellos 53 millones de euros públicos que rescataron a una aerolínea venezolana de pacotilla. La UDEF ya está registrando su oficina y hasta las sociedades vinculadas a sus hijas. Primera vez en democracia que un exjefe de Gobierno se sienta en el banquillo virtual de la corrupción. Boom. Notición.
Pero esperad. Porque en el universo B —ese lugar mágico donde vive Felipe VI y donde los problemas se resuelven con un sello real y una foto con tapiz del siglo XVI— ocurre algo absolutamente trascendental para el futuro de la nación.
El Rey ha sancionado la reforma del apartado 3 del artículo 69 de la Constitución Española.
¿Para qué?
Para que la isla de Formentera elija un senador propio.
El Rey ha sancionado la reforma del Apartado 3 del Artículo 69 de la Constitución Española, a los efectos de que la isla de Formentera elija un senador propio.
— Casa de S.M. el Rey (@CasaReal) May 19, 2026
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Sí, amigos. Mientras Zapatero intenta no aparecer en los informativos como el nuevo “facilitador oficial de rescates sospechosos”, en la Zarzuela se celebra un acto solemne, con trajes impecables, carpetas rojas, sonrisas protocolarias y un fondo de tapices que parecen sacados de un museo. Felipe VI, con su mejor cara de “esto es lo más importante que he hecho en lo que va de martes”, firma el papelito que cambiará la historia… de las 12.000 almas que viven en Formentera (incluidos flamingos y turistas en chanclas).
Imaginaos la escena: un senador de Formentera. Un tipo que llegará al Senado con bronceado permanente, olor a salitre y una propuesta estrella: “Señores, ¿podemos declarar el caldero de langosta patrimonio inmaterial de la humanidad?”. Mientras en el universo A se investiga si los millones del rescate acabaron en paraísos fiscales, en el universo B se debate si el nuevo senador llevará o no chancletas a la sesión de control.
La Casa Real lo ha publicado con cuatro fotos que parecen de boda real: Felipe entregando la carpeta, el grupo oficial posando como si acabaran de descubrir la penicilina, Letizia con cara de “sí, cariño, muy bonito el artículo 69”. Todo muy elegante. Todo muy… paralelo.
Porque claro, en el mundo real hay que explicar rescates, comisiones y porqués. En el mundo de Felipe VI, la urgencia nacional es que Formentera no tenga que compartir senador con Ibiza. Prioridades, señores. Que los ibicencos ya tienen suficiente con las discotecas y los yates; que los formenterenses tengan su propio representante en Madrid para quejarse de que el ferry llega tarde.
En resumen: mientras un expresidente socialista se enfrenta a la primera imputación histórica por corrupción, el Jefe del Estado está en modo “reforma constitucional de bolsillo”. Un cambio que afectará a exactamente el 0,025% de la población española y al 100% de los memes de Twitter.
Bienvenidos al multiverso español. En un lado, juicios y registros. En el otro, plumas, tapices y senadores para islas que caben en un pañuelo.
Y lo mejor de todo: los dos universos comparten fecha. Solo uno parece vivir en 2026. El otro… parece vivir en un eterno 2010 donde todo era “tranquilidad y buen rollito”.
Que alguien le pase el tuit de la Casa Real a Zapatero. A ver si se anima y se va de senador a Formentera. Al menos allí el agua es más clara.























































