Ayer, en el Tribunal Supremo, Víctor de Aldama soltó la bomba nuclear: Pedro Sánchez no es solo el presidente, es el número uno de una presunta organización criminal. Escalafón clarito: Sánchez en el 1 (el capo), Ábalos en el 2 (el que repartía), Koldo en el 3 y Aldama en el 4 (el que, según él, solo intentaba sobrevivir en ese circo).
Imagínense la escena: un empresario declarando ante el Supremo y poniendo al jefe del Ejecutivo en la cúspide de la pirámide delictiva. En cualquier país normal, esto habría ocupado portadas, tertulias eternas y quizás hasta algún titular en negrita con fondo rojo. Pero no. En esta España nuestra, minutos después lo más comentado en redes y medios era otra cosa: Vito Quiles intentando entrevistar a Begoña Gómez en un restaurante de Las Rozas.
Sí, amigos. De la corrupción de Estado al «encontronazo en la cafetería». Bendito multitasking informativo.
Porque claro, ¿qué es una acusación grave en el Supremo comparada con un vídeo donde un tipo pregunta por «chanchullos» y acaba rodeado de amigas protectoras gritando y, según versiones oficiales, casi gateando para impedir la salida? Es como si el país entero hubiera recibido un mensaje subliminal colectivo: «Olvidad lo del capo, mirad este drama de restaurante. ¡Hay drama, hay forcejeo, hay denuncia por agresión! ¡Espectáculo garantizado!»
Y aquí viene lo más tierno y sarcástico del asunto: muchos preferimos creer, con toda la buena fe del mundo, que a Vito Quiles lo han utilizado de distracción perfecta. Porque pensar que un comunicador se ha prestado voluntariamente a montar este circo justo el mismo día… nah, eso ya sería demasiado. Mejor imaginarnos a algún genio de Moncloa frotándose las manos: «Aldama está declarando… ¡Rápido, mandad a Begoña a comer a Las Rozas y avisad a Vito para que pase por allí ‘casualmente’!»
Es tan burdo, tan evidente, tan español, que hasta da risa.
Mientras Sánchez supuestamente lideraba la trama del siglo (según Aldama), los titulares se los llevó un altercado con empujones, gritos de «¡pero que paréis, Charos!» y una denuncia exprés por agresión. Periodismo del bueno: de la presunta mafia gubernamental al reality show de barrio en menos de una hora.
Enhorabuena, España. Hemos pasado de un juicio histórico en el Supremo a un capítulo de Sálvame sin solución de continuidad. Mañana seguro que alguien dirá que todo esto es «polarización» y que la culpa es de la derecha por preguntar.
Mientras tanto, Vito ya tiene su minuto de gloria, Begoña su denuncia y Aldama… Aldama sigue siendo el que dijo lo que dijo. Pero eso ya nadie lo recuerda.
¡Qué grande es este país! Donde hasta las tramas criminales se resuelven con un buen sándwich y un vídeo viral.





















































