En un vídeo que circula estos días por las redes, Ada Colau se monta una de sus películas favoritas: la de la alcaldesa progre, moderna y pionera que creció en una familia liberal de Barcelona rodeada de “amigos travestis que hacían espectáculos” y que, sin drama, le contó a sus padres que le gustaban las chicas. “No como dando una noticia”, dice ella con cara de quien está revelando la penúltima frontera de la humanidad. Y remata: cuando era alcaldesa, en una entrevista en prime time en Telecinco, mencionó que había tenido novia… y se montó “un revuelo increíble”.
El post de @Rittenreloaded lo resume con la crudeza que merece: “Ha destruido Barcelona y le preguntan por los coños que se comía. Poco nos pasa”.
Porque esa es la película que se monta Ada Colau una y otra vez: la de la víctima-heroína, la adelantada a su tiempo, la que normalizó lo que ya era normal para medio país mientras convertía la capital catalana en un vertedero de okupas, turismo masivo descontrolado, suciedad, inseguridad y delincuencia. La misma que presumía de “derecho a la vivienda” y dejó a Barcelona con más multas por orinar en la calle que por delitos graves, más turistas hartos que vecinos contentos y más bandas latinas que neveras en los pisos de alquiler.
Ha destruido Barcelona y le preguntan por los coños que se comia, poco nos pasa. pic.twitter.com/Xg6s3PoYN0
— Rittenhouse renacido (@Rittenreloaded) April 17, 2026
En la entrevista, Colau habla de su “primera pareja mujer durante muchos años” como si hubiera sido un acto de valentía épica. Mientras tanto, los que vivieron su mandato recuerdan otra cosa: la ciudad que se convirtió en la meca europea del top manta, los pisos turísticos que echaron a familias enteras y la sensación de que el Ayuntamiento estaba más pendiente de banderas LGTBI y de señalar a los “fascistas” que de recoger la basura o iluminar un callejón oscuro.
Y ahora, años después, cuando alguien le pregunta por su vida privada, ella sigue en su película: la de la mujer valiente que “acompañó” a su novia en un contexto familiar complicado. Perfecto. Nadie le niega su derecho a acostarse con quien quiera. El problema es que mientras ella se montaba sus películas personales y mediáticas, Barcelona se le caía a pedazos. Y sigue cayéndose.
Los comentarios al post lo dejan claro: a nadie le importa con quién se acuesta Colau. Lo que importa es lo que hizo (o dejó de hacer) con la ciudad que gobernó. Pero claro, es mucho más fácil y fotogénico hablar de “amor libre” y “familias diversas” que explicar por qué bajo su mandato Barcelona pasó de ser la envidia de Europa a un sitio donde los vecinos cierran con llave hasta el contenedor de basura.
Esa es la gran película que se monta Ada Colau: la de la activista que salvó a Barcelona de sí misma. La realidad, la que ven cada día los que viven allí, es otra. Y no necesita subtítulos en TikTok para entenderse.











































