¡Atención, España! Ya tenemos el nuevo taquillazo de la Moncloa: «Ocean’s 25 años», la comedia dramática donde el protagonista, Pedro Sánchez, se cree George Clooney y el director, Wyoming, hace de pelota oficial con tirantes incluidos.
Todo ocurrió en la fiesta de los 20 años de El Intermedio. Mientras el programa fingía celebrar dos décadas de “humor independiente”, apareció el vídeo de Sánchez con una sonrisa de galán envejecido, tirantes de señor que se cree moderno y la frase que lo resume todo: “A este ritmo celebramos juntos los 25 años: vosotros en la tele y yo en la Moncloa”.
¡Menuda ida de olla! El mismo Pedro Sánchez que en 2014 prometía limitar los mandatos a ocho años y reformar la Constitución para que nadie se eternizara en el poder, ahora se ve a sí mismo como el Clooney español: pelo teñido con dignidad, mirada de “yo soy el guapo de la película” y la convicción absoluta de que La Moncloa es su chalé privado para las próximas dos décadas y media. Solo le falta que Amal le prepare el café mientras él firma indultos y pactos con quien haga falta.
Yo creo que le dan agua "con misterio". pic.twitter.com/59vNeQfSAJ
— javiersobrevive #ED (@jsobrevive) April 17, 2026
La comparación con Clooney es patética y reveladora a partes iguales. George Clooney ha hecho carrera interpretando a tipos elegantes, seductores y con cierta clase. Sánchez interpreta al tipo que se agarra al sillón como si fuera el último salvavidas del Titanic. Clooney se divorció, se casó bien y sigue pareciendo interesante. Sánchez se ha divorciado de sus principios, se ha casado con todas las siglas que le dan oxígeno y sigue creyendo que el país le debe una eternidad en el cargo.
Y ahí entra el pelota mayor: Wyoming. El supuestamente ácido presentador que se supone que pincha globos de poder, se derrite como mantequilla cuando aparece el jefe. En vez de soltar una de sus bromas corrosivas de siempre, celebra el chiste de los 25 años como si Sánchez acabara de inventar la comedia. “¡Qué gran Pedro!”, debe de estar pensando mientras afila los tirantes para la próxima entrega. Porque nada dice “periodismo independiente” como aplaudir con las orejas que un presidente planee quedarse un cuarto de siglo en el Palacio.
Imaginad la escena dentro de 25 años, si el guion sigue este rumbo:
- Wyoming seguirá en antena, contando chistes contra la oposición y besando el anillo del inquilino eterno.
- Sánchez seguirá en La Moncloa, ya con andador de diseño y diciendo “¡Compañeros, esto no es un gobierno, es una dinastía!”
- Los españoles estaremos pagando la factura de tanto “progreso”: más deuda, más pactos con quien toque y menos democracia real.
Porque esa es la gracia de la “ida de olla” de Sánchez: no es solo un chiste malo. Es la confesión pública de que no piensa irse nunca. El hombre que llegó prometiendo regeneración democrática ahora sueña con convertirse en el Mubarak de Lavapiés. Y Wyoming, en vez de recordarle que el poder corrompe y eterniza, le ríe las gracias como el mejor amigo del colegio.
Así que nada, queridos espectadores. Saquen las palomitas rancias y prepárense para la saga interminable. Porque si Sánchez cumple su palabra y Wyoming sigue de comparsa, en 2051 estaremos celebrando las bodas de plata de un presidente que se cree Clooney y de un programa que se cree valiente.
George Clooney, desde su mansión italiana, mirará la tele, se tocará el pelo gris y dirá: “Ese español… me ha copiado el look, pero se ha quedado con lo peor: la arrogancia y el aplauso fácil”.
¡Salud por los 25 años, presidente! Que tu película política sea tan larga como aburrida. Y que Wyoming siga con sus tirantes, porque al final el verdadero chiste no es Sánchez creyéndose eterno… es que alguien todavía se lo crea.
Acción. Y que alguien corte ya esta escena.











































