Jesús Calleja el intrépido aventurero, el conquistador del espacio y, al parecer, el eterno árbitro de los delirios terraplanistas, ha vuelto a la carga en X con una metáfora tan hilarante como desconcertante. Según su tuit, debatir con un conspiranoico terraplanista es como intentar jugar una partida de ajedrez con una paloma: «la paloma tirará las fichas, revoloteará y te cagará el tablero». Genial, Jesús, nos has dejado con una imagen mental que ni Dalí en su mejor momento. Pero, oye, ¿no te cansas? Porque, sinceramente, dedicarle tanto tiempo y energía a gente que cree que la Tierra es plana —cuando, según tú, «la cosa está tan clara»— empieza a sonar más a obsesión que a misión.
Os sonará raro, pero debatir con un conspiranoico terraplanista es como querer jugar una partida a la ajedrez con una paloma…la paloma tirara las fichas revoloteara y me cagara el tablero…de eso hablaré hoy en @partidazocope sobre las 12 la noche. Os espero! pic.twitter.com/gsW4YbzvU6
— Jesús Calleja (@JesusCalleja) March 18, 2025
Lo curioso, y aquí entra el tono tragicómico, es que esta cruzada contra las teorías de la conspiración viene de alguien que, hace apenas unas semanas, protagonizó un viaje al espacio que más bien pareció una parodia cósmica. En febrero de 2025, Calleja despegó en el cohete New Shepard de Blue Origin, con la misión (y el ego) de convertirse en el tercer español en tocar las estrellas y, de paso, callar bocas terraplanistas con su experiencia orbital. Pero, oh, sorpresa: el despegue se retrasó 20 minutos, la audiencia de Telecinco se comió las uñas en directo, y el momento estelar se redujo a unos segundos de ingravidez antes de aterrizar en paracaídas. ¿Resultado? En lugar de un hito glorioso, tuvimos un meme en potencia. Los terraplanistas, lejos de rendirse, probablemente pensaron: «¡Ves! Hasta su viaje al espacio fue un fiasco, ¡esto confirma nuestra teoría!».
Y ahora, aquí está Calleja otra vez, anunciando en su tuit que hablará de esto en ‘El Partidazo de COPE’ a las 12 de la noche, como si los terraplanistas fueran una plaga que no puede ignorar. Pero, ¿no es un poco ridículo? Si la Tierra es tan obviamente esférica y su viaje espacial fue la prueba definitiva (aunque con algunos tropiezos), ¿por qué seguir perdiendo el tiempo con estos «palomas ajedrecistas»? Algunos malpensados podrían decir que Calleja, en el fondo, disfruta del drama, que necesita a estos conspiranoicos como sparring para mantenerse en el candelero. Otros, más crueles, sugieren que su obsesión suena a inseguridad: después de todo, un viaje al espacio que parecía sacado de un sketch de José Mota no es exactamente el golpe definitivo a las teorías absurdas.
Imagínense la escena: Calleja, con su camiseta amarilla y esa sonrisa de «yo estuve ahí arriba», frente a un tablero de ajedrez, mientras una paloma imaginaria (o un terraplanista con gorra de papel de aluminio) lo mira con desdén, tira las piezas al suelo y suelta una sonora carcajada cósmica. Y mientras tanto, nosotros, los espectadores, nos preguntamos: ¿no sería más fácil ignorar a los palomos y centrarse en, no sé, escalar otra montaña o bucear en otro océano? Porque, la verdad, Jesús, después de ese viaje espacial que más bien pareció un episodio de «Perdidos en el espacio», tu cruzada contra los terraplanistas empieza a parecer menos una batalla épica y más una pelea con sombras en la pared. ¡Que descansen las palomas, hombre, y deja que el universo gire (o no, según ellos) en paz!