¡Emmanuel Macron, el Napoleón moderno de la Quinta República! Hace apenas unos días, el presidente francés se plantaba en Chipre como un superhéroe de cómic, anunciando una misión «puramente defensiva» para escoltar barcos por el Estrecho de Ormuz. «¡Vamos a reabrir esa autopista marítima del petróleo!», gritaba (bueno, no literalmente, pero casi). Imaginémoslo: fragatas francesas, portaaviones, y quizás hasta croissants lanzados como distracción. Todo para salvar el mundo del caos petrolero causado por la guerra entre EE.UU., Israel e Irán. ¡Qué valiente! Parecía que Macron se iba a comer el mundo, o al menos un pedacito del Golfo Pérsico.
Pero ¡zas! Dos días después, en una reunión del G7, el galo da marcha atrás con la gracia de un ciclista que ve una colina demasiado empinada. «Las condiciones no se dan», dice, como si estuviera cancelando una cena porque llueve. «El Estrecho es una zona de guerra, pero hay que organizarlo… algún día». ¿Organizarlo? ¡Si acababa de anunciarlo como si ya tuviera los barcos en el agua! Ahora resulta que necesita charlar con compañías navieras, aseguradoras y transportistas. ¿Qué sigue? ¿Una videoconferencia con los peces del Golfo para pedir permiso?
#ÚLTIMAHORA | Macron reconoce que no se dan la condiciones para una misión en el estrecho de Ormuz. pic.twitter.com/QB0KErx37n
— EFE Noticias (@EFEnoticias) March 11, 2026
No es la primera vez que Francia nos regala estos momentos de comedia geopolítica. Recordemos la tradición: en la Segunda Guerra Mundial, rindieron París más rápido que un soufflé se desinfla. Ahora, en 2026, Macron rinde una misión que ni siquiera había empezado. ¡Es como declararle la guerra a alguien y luego decir: «¡Era broma, solo quería probar el uniforme!» Los tuiteros no han tardado en sacar los memes: uno lo compara con la bandera francesa que «se gira» cuando le hablan, otro dice que Francia duró en esta «guerra» menos que la independencia de Cataluña. ¡Ja! Y hay quien lo llama «Napoleón del Mercadona», porque sus planes grandiosos terminan en el carrito de la compra abandonado.
Imaginemos la escena en el Elíseo: Macron, con su peinado impecable, mirando mapas y diciendo: «¡Adelante, mis valientes! Espera… ¿hay minas? ¿Irán sigue enfadado? Mejor esperamos a que la guerra se calme, como un buen vino francés». Mientras tanto, el precio del petróleo sube como la Torre Eiffel, y el mundo se pregunta: ¿era esto un plan real o solo una pose para la foto? Porque, seamos honestos, enviar ocho fragatas y el portaaviones Charles de Gaulle sonaba épico, pero ahora parece más un desfile de moda naval que una operación militar.
En fin, queridos lectores, esta es la diplomacia francesa en su esplendor: audaz un lunes, cautelosa un miércoles. Macron insiste en que la misión se hará «cuando sea necesario», pero a este ritmo, para cuando llegue, la guerra habrá terminado y el Estrecho será un parque acuático. ¿Lección? Nunca subestimes el poder de un «quizás mañana». ¡Vive la France… o al menos, vive la excusa!







































