Mientras el mundo intenta olvidar la mayor operación de marketing farmacéutico de la historia moderna, la Organización Mundial de la Salud sigue en sus trece: recomienda que las “personas de riesgo” se pinchen contra el COVID cada seis meses. Sí, cada medio año. Como si fuera un café con leche o un corte de pelo.
La Voz de Galicia, fiel a su tradición de no cuestionar jamás una directriz que venga con sello oficial, publica la noticia con el entusiasmo de quien anuncia la llegada del verano. Titular serio, foto de un brazo siendo vacunado con cariño y todo el pack: “La OMS recomienda a las personas de riesgo vacunarse contra el covid cada seis meses”. Debajo, eso sí, matizan que a los sanitarios les basta con una al año y a las embarazadas les dan permiso para hacerlo entre el segundo y tercer trimestre. Qué detallistas.
Uno se frota los ojos y se pregunta: ¿en qué universo paralelo seguimos hablando de esto como si fuera 2021 y no hubiera pasado nada? ¿Como si no existieran miles de informes, estudios, autopsias, datos de exceso de mortalidad, VAERS, Yellow Card, EudraVigilance y testimonios de gente que simplemente ya no es la misma después de la “solución”? ¿Como si el “nada que ver, la vacuna es segura y eficaz” siguiera siendo un dogma intocable y no una frase que muchos repiten por inercia o por miedo a quedarse sin sueldo?

Pero no. Aquí estamos. Marzo de 2026 y ciertos medios siguen actuando como altavoces gratuitos de la OMS, esa misma organización que durante la plandemia nos regaló perlas como “las mascarillas de tela funcionan”, “el virus no se transmite por el aire” o “no hay evidencia de transmisión asintomática”… para después decir todo lo contrario. La misma OMS que recibió generosas donaciones de fundaciones privadas con intereses muy concretos en vacunas. La misma que nunca ha explicado del todo por qué impulsó campañas masivas incluso en países con población joven y sana donde el riesgo era estadísticamente ridículo.
Mientras tanto, los mismos medios que durante años acusaron de “negacionistas”, “conspiranoicos” o “asesinos” a cualquiera que pidiera prudencia, datos o debate científico, ahora publican esto sin el más mínimo rubor. Sin un “después de todo lo ocurrido…”, sin un “a pesar de las dudas razonables…”, sin un “habiendo visto los efectos adversos reportados…”. Nada. Directamente al grano: “La OMS dice que hay que pincharse. Copiar y pegar. Gracias”.
Es casi admirable la constancia. O la falta de vergüenza, según se mire. Porque si algo ha demostrado esta saga es que para cierta prensa y para ciertos organismos internacionales, rectificar es de débiles. Mejor seguir recomendando inyecciones periódicas indefinidamente, como si quisieran convertir el COVID en una amenaza eterna.
Así que nada, queridos lectores de La Voz de Galicia: si pertenecéis al selecto grupo de “personas de riesgo” (o si simplemente os gusta coleccionar pinchazos como quien colecciona cromos), ya sabéis. Cada seis meses un recordatorio. Para los sanitarios, una vez al año. Para las embarazadas, en la franja permitida. Todo muy medido, muy profesional, muy… 2021.
El resto del mundo, mientras tanto, sigue intentando recuperarse de los daños colaterales: confianza rota en instituciones sanitarias, carreras destrozadas por disentir, jóvenes con miocarditis inexplicables, exceso de mortalidad que algunos aún se niegan a analizar en profundidad y una sensación general de que nos vendieron humo a precio de oro.
Pero oye, al menos tenemos un titular bonito y una foto de un brazo con guantes negros. Eso siempre consuela.
¿Otra ronda en 2026? La OMS ya lo ha dicho: sí, por favor. Y algunos medios, fieles escuderos, siguen diciendo “amén”.





































