Ah, Jesús Calleja. El hombre que ha escalado el Everest, surcado los mares en yates de lujo, rodado por el Dakar y hasta se ha subido a un cohete espacial para grabar un vídeo (porque, claro, ¿por qué no contaminar el cosmos también?). El Indiana Jones leonés, el rey de las expediciones extremas, el tipo que te hacía soñar con aventuras mientras te comías un bocata de chorizo en el sofá. Pero, amigos, los tiempos cambian. Y hoy, el bueno de Calleja ha tocado fondo: ya no vende ni agua en el desierto.
Todo ha empezado esta mañana, cuando el intrépido explorador soltó una publi en X. El post, con un vídeo de él al volante de un Hyundai IONIQ 5 N –ese bólido eléctrico que parece un Tesla con esteroides y cuesta lo que un riñón en el mercado negro–, rezaba así: «Publi Cuando tengo que ir al aeropuerto desde León, que es un buen rato de coche… voy encantado porque aprovecho y saco el Hyundai IONIQ 5 N. Vas tranquilo, sin ruido, pensando en el viaje… Me gusta, así de simple!»
*Publi Cuando tengo que ir al aeropuerto desde León, que es un buen rato de coche… voy encantado porque aprovecho y saco el Hyundai IONIQ 5 N. Vas tranquilo, sin ruido, pensando en el viaje… Me gusta, así de simple! pic.twitter.com/NjP3LgNGqB
— Jesús Calleja (@JesusCalleja) February 16, 2026
¡Qué poético! Jesús, el hombre que ha desafiado al Kilimanjaro, ahora se emociona con un trayecto a Barajas. «Tranquilo, sin ruido», dice. Claro, porque en el desierto del Sáhara, con 50 grados a la sombra, lo que uno necesita es un silencio zen para meditar sobre su huella de carbono. ¡Genial!
Pero, oh, la crueldad de las redes. El post, a las pocas horas, acumulaba 24 likes (veinticuatro, como los enanitos de Blancanieves, pero sin la magia). Cuarenta y dos replies, eso sí, pero no precisamente de fans clamando «¡Cómpralo ya, Jesús!». No, señor. Eran un festival de sarcasmos dignos de un monólogo de Berto Romero:
- Uno le recordaba su «viaje al espacio» (¿el yate o el cohete? Da igual, ambos emiten más CO2 que una fábrica de barbacoas).
- Otro, con sorna: «Para pijoprogres como tú, 65.000€ es calderilla». ¡Toma! El aventurero que cobraba por posar con un sponsor de relojes de lujo ahora mendiga likes por un coche que ni su público rural puede permitirse.
- Y el remate: «El helicóptero también es eléctrico, ¿no?». Porque, claro, en el mundo de Calleja, el único ruido que molesta es el del motor de combustión… cuando no es el suyo propio despegando hacia Maldivas.
El hombre que solía tener millones de seguidores babeando con sus cimas nevadas ahora pelea por views en un post promocional. ¿Qué ha pasado, Jesús? ¿El Himalaya te dejó sin oxígeno para el marketing? ¿O es que el público, harto de ver a un sexagenario (sí, 60 tacos ya, el chaval) fingiendo que un SUV eléctrico es «el nuevo desafío extremo», ha dicho «basta»?
Imaginad la escena: Calleja, con su barba de explorador y su sonrisa de «yo he visto osos polares en pelotas», grabando el vídeo en León. «Mira, gente, este coche es silencio puro. Como cuando escalé el Aconcagua… pero sin viento». Y mientras, en los comentarios, la plebe: «Sí, claro, y tu huella ecológica es como el agujero de ozono: enorme y con agujeros».
No es solo un post fallido. Es el epitafio de una era. Calleja, el que vendía sueños de aventura, ahora vende electrodomésticos rodantes. El que conquistaba cumbres, ahora conquista… ¿el carril bus? Próximo capítulo: «Jesús Calleja prueba el nuevo lavavajillas eco-friendly en su chalet de la montaña». ¡Aventura total!








































