¡Ay, madre del amor hermoso! Si hay algo mejor que un buen culebrón de sobremesa, es ver a un periodista negando con tanta vehemencia una amistad que, según parece, era más estrecha que el nudo de su corbata.
El asunto va así: el excomisario José Manuel Villarejo (ese señor que colecciona grabaciones como otros coleccionan cromos) ha soltado un audio donde, al parecer, recuerda tiempos pasados con cierto comunicador. Y el susodicho, al que en las redes ya han bautizado cariñosamente como “el novio de la cabestrillo” (por aquello de que la lesión parece más persistente que un contrato de La Sexta), ha montado un pollo de órdago.
El tuit de Pablo Haro Urquízar lo resume con la delicadeza que le caracteriza: «JAJAJAJAJA Mirad cómo se ha puesto el novio de la cabestrillo cuando Villarejo le ha recordado lo amigos que eran y le mendigaba información para competir con Ferreras».
Y el vídeo adjunto es pura joya: el hombre sudando tinta china, explicando, matizando, contextualizando, jurando por sus muertos que aquello no fue amistad, ni mendicidad informativa, ni competencia con Antonio García Ferreras… nada, nada de nada. «¡Mentira cochina!», grita el subtexto. Pero oye, si es mentira… ¿por qué te has puesto como un tomate en salsa y has dedicado más minutos a desmentirlo que un político a prometer bajadas de impuestos?
JAJAJAJAJA
— Pablo Haro Urquízar (@pabloharour) April 6, 2026
Mirad cómo se ha puesto el novio de la cabestrillo cuando Villarejo le ha recordado lo amigos que eran y le mendigaba información para competir con Ferreras pic.twitter.com/XBahK35i8B
Es el clásico síndrome del “yo no fui, y además no era yo”. Villarejo le suelta un “nosotros éramos uña y carne, me pedías cositas para pillar a Ferreras” y el otro responde con un monólogo digno de los Oscar: “¡Jamás! ¡Mentira! ¡Fake news! ¡Yo solo tomaba café con él por higiene social!”. Amigo, si tanto te molesta que te recuerden la época en que compartíais confidencias, quizá el problema no es Villarejo… es que la memoria del excomisario resulta ser bastante selectiva y, sobre todo, grabada.
Lo más gracioso es el nivel de detalle de las explicaciones no pedidas. Nadie le había preguntado, nadie le había acusado formalmente en ese preciso instante… y de repente aparece con un comunicado más largo que la Biblia de los Testigos de Jehová. Cuando alguien miente tan poco, normalmente dice “pues vale” y sigue con su vida. Cuando se enfada mucho, mucho y explica mucho, mucho, es que la cosa escuece más que aftersun en quemadura de tercer grado.
Así que aquí estamos, disfrutando del espectáculo: Villarejo haciendo de Cupido del periodismo patrio (“¡erais tan monos los dos compitiendo por la exclusiva!”) y el novio del cabestrillo defendiendo su honor como si le hubieran llamado algo peor que “amigo de Villarejo”. Spoiler: en ciertos círculos, eso ya es un insulto de campeonato.
Moral de la historia: si quieres que nadie se crea que tenías tratos con el comisario más charlatán de España, lo mejor es no reaccionar como si te hubieran pillado con la mano en el cajón de las primicias. Porque cuanto más te enfadas, más parece que Villarejo… tenía razón.
Y mientras tanto, Ferreras en su casa, seguramente riéndose con un café: «Mira tú el novio de la cabestrillo, defendiendo su castidad periodística».
Que conste: todo esto es mentira, claro. El señor lo ha explicado durante horas. ¿Verdad que sí? 😏





































