Tres agentes de la Policía Nacional en Málaga acabaron en urgencias tras protagonizar el que podría ser el planazo del siglo: zamparse unas gominolas con un toque «extra» que les puso a mil. Según fuentes cercanas a la comisaría, no fue ningún «error», sino una misión premeditada para ver hasta dónde podían volar sin salir de la sala de coordinadores. ¡Y vaya si lo consiguieron!
Todo empezó la semana pasada, cuando la Brigada de Policía Judicial de Fuengirola dio con un botín de lujo en un registro a un coffee shop de esos que parecen sacados de una peli de Cheech y Chong. Entre los hallazgos, una bolsa de gominolas que gritaba «cómeme» más alto que Alicia en el País de las Maravillas. Los agentes las confiscaron sospechando que tenían más sustancia que un discurso de político en campaña, y las dejaron en un despacho de la comisaría, sin etiquetar, como quien deja un pastel en la oficina para compartir.
Pero la verdadera juerga llegó cuando otro grupo de policías, recién aterrizados de una intervención callejera, entró en plan «necesito un subidón ya». Al ver las gominolas abiertas, no se lo pensaron dos veces: «Esto tiene que ser el postre VIP de la redada», debieron decirse. Y, sin miedo al éxito, se lanzaron a por ellas como si fueran ositos de Haribo con un doctorado en química recreativa. ¡Objetivo: ponerse como el Kiko y batir el récord de risas por minuto!

Poco después, los tres valientes de la Brigada de Seguridad Ciudadana empezaron a notar que algo «raro» pasaba. «¿Esto es el after o el after del after?», se preguntarían mientras el suelo se volvía de goma y las paredes les guiñaban un ojo. La cosa se puso tan intensa que tuvieron que hacer una visita express al hospital, donde les confirmaron que, efectivamente, habían dado con el jackpot de las golosinas: un cóctel de estupefacientes que les dejó viendo unicornios en 4K. Tras unas horitas de tratamiento y unas risas con los médicos, los tres cracks fueron dados de alta, seguramente planeando ya la próxima «misión secreta».
No es la primera vez que la policía se topa con chuches tuneadas. En 2022, en Benalmádena, decomisaron 11 kilos de ositos con un chute de «La Bomba», un alucinógeno que hace que el LSD parezca un café descafeinado. Pero esta vez, los agentes de Málaga decidieron que no solo iban a confiscarlas, sino a probarlas como auténticos influencers del subidón. «Si no lo vives, no lo cuentas», debió ser el lema.
Tras el fiestón, la comisaría dice que revisará la cadena de custodia, pero nosotros sabemos la verdad: estos tres policías no se equivocaron. Solo querían ser los reyes del mambo por un día. Y, oye, ¡misión cumplida!