Señoras y señores, abróchense los cinturones de seguridad (y las cremalleras de las carteras, que nunca se sabe). Acaba de salir a la luz un vídeo que Pedro Sánchez ha grabado en su despacho oficial con la misma naturalidad con la que una influencer de 15 años sube un get ready with me. Pero claro, esto no es cualquier TikTok. Esto es SánchezTok: la versión premium, pagada con nuestro dinero y con más filtros que un reality de Telecinco.
El hombre aparece con un jersey beige de señor que “se relaja en casa” (pero que cuesta más que el alquiler de un piso en Malasaña), una sonrisa ensayada frente al espejo y… ¡tachán! Una cara tan tersa, tan luminosa, tan “recién salida de la clínica de estética” que parece que le han dado un photoshop en 3D. ¿Maquillaje? Amigo mío, aquí no hablamos de “un poquito de corrector”. Aquí hablamos de kilos. Literal. Kilos de base, de contouring, de highlighter, de polvo de hadas y de lo que sea que usan las drag queens para que no se les note la resaca de tres días.
Miradlo bien: el Pedro de siempre tiene ojeras que podrían usarse como maletas de mano. El Pedro del vídeo parece que ha dormido en una nube de algodón de azúcar y se ha despertado con la piel de un bebé recién nacido. ¿Demacrado? ¿Estrés por los presupuestos? ¿Por las encuestas? ¿Por los socios que le chantajean cada lunes? Nada de eso. Con una capa de 2,5 centímetros de full coverage todo desaparece. Es como si la Moncloa tuviera un departamento secreto de maquillaje llamado “Operación No Parezco un Zombi Político”.
Hasta se ha maquillado para grabar esta puta mierda de video. Un postureo tan completamente impostado y falsario, como el de una adolescente adicta al TikTok. Es verdaderamente sorprendente que pueda engañar a alguien con estas porquerías. pic.twitter.com/HXMrI5jtku
— Bart0 (@Bart045603771) April 5, 2026
Y luego viene lo mejor: el contenido. Porque no basta con parecer un influencer de bienestar. Hay que ser un influencer de bienestar. Sánchez coge un palito de incienso (sí, incienso, como si estuviera en un retiro de yoga en Bali) y lo enciende con la solemnidad de quien está firmando la paz mundial. “Siempre que llego pongo un poquito de incienso”, dice con voz de locutor de teletienda. Traducción: “Necesito que esto huela a espiritualidad porque el despacho huele a acuerdos con Bildu y a facturas de Ferrovial”.
Después saca una botellita de plástico azul que le regaló “un niño refugiado” (guiño, guiño, Gaza). La sostiene como si fuera el Santo Grial. Simboliza el sufrimiento, dice. Claro, Pedro, claro. Mientras tanto, los españoles sufrimos con la inflación, la vivienda y el precio de la tortilla de patatas, pero eso no da likes, ¿verdad?
Y para rematar la faena, el broche de oro: un Quijote de bronce de una tiendecita de Mojácar. “Suelo coleccionarlos”, confiesa con cara de “soy un hombre culto y profundo”. Sí, Pedro, tú eres el Quijote moderno: luchando contra molinos de viento llamados “realidad”, “economía” y “sentido común” mientras los españoles pagamos la factura de tu merchandising espiritual.
El vídeo dura 39 segundos y ya ha generado más memes que una comparecencia de Feijóo. Pero el detalle estrella, el que nos hace partirnos de risa, es esa cara. Esa cara que grita a los cuatro vientos: “He invertido más en corrector que en los PGE”. Porque si algo tiene Sánchez es talento para el postureo. Postureo con incienso, postureo con botellita solidaria y postureo con kilos y kilos de maquillaje para que nadie note que la realidad le está pasando por encima como un tren de alta velocidad.
En resumen: España no va bien, pero Pedro Sánchez va glowy. Muy glowy. Tan glowy que si le das un abrazo te quedas con media cara en las manos.
Y ahora, si me disculpáis, voy a encender un incienso yo también. No por espiritualidad. Solo para disimular el olor a ridículo que desprende este vídeo.





































