Ah, Pere Navarro. El hombre que cada mañana se levanta, se mira al espejo y se dice: “Hoy voy a salvar el planeta… pero con mi Talisman diésel de uso exclusivo, que conste”. Porque sí, queridos lectores, el director general de Tráfico ha sentenciado al diésel a muerte pública, pero en privado lo tiene como amante oficial. Y no contento con un solo coche contaminante, se ha agenciado también un Alfa Romeo Stelvio de gasolina. Dos joyitas de combustión interna para el señor que no para de dar lecciones de ecologismo de saldo.
Pere Navarro: "El diésel está sentenciado". 🗣️🚫
— Motor.es (@motorpuntoes) April 9, 2026
También Pere Navarro: Tiene un Talisman diésel y un Stelvio gasolina de uso exclusivo. 🚗⛽️🤨
La DGT reconoce que su director no usa coches 100% eléctricos pese a sus constantes ataques a la combustión y al uso del coche en…
La DGT, en un arranque de sinceridad que casi parece un lapsus freudiano, ha reconocido que su jefe no usa ni un triste coche 100% eléctrico. Ni uno. Cero. Nada. El hombre que lleva años criminalizando el coche en la ciudad, el que pone multas por respirar demasiado fuerte cerca de una zona de bajas emisiones, resulta que se mueve por Madrid como si fuera el emir de Qatar pero con matrícula española. ¿Falta de coherencia? No, hombre, no. Eso sería demasiado suave. Esto es hipocresía con mayúsculas, con luces de neón y claxon incorporado.
Imagínense la escena: Pere Navarro en una rueda de prensa, con cara de circunstancias, soltando que “el diésel está sentenciado” mientras su Talisman diésel (sí, el mismo que tiene en el garaje oficial) está fuera esperando como un perrito fiel. “¡El futuro es eléctrico!”, grita él, y el Stelvio de gasolina asiente con el motor en marcha. Es como si el Papa anunciara que el celibato es obligatorio… y luego lo pillaran saliendo de un burdel en un Ferrari. Pero con pegatina de la DGT.
Y lo mejor de todo es el argumento que ya empiezan a sacar sus defensores: “Es por necesidades del cargo”. Claro, claro. Porque para dirigir el tráfico en España hace falta un diésel de 1.6 toneladas y un SUV italiano que gasta más que un ministro en comidas. Seguro que un Nissan Leaf no da el “perfil institucional”. O sea, el resto de los mortales que nos compramos un eléctrico de segunda mano y nos jugamos la vida en un atasco con 180 km de autonomía somos unos héroes climáticos, pero el jefe necesita potencia, par motor y, sobre todo, no tener que enchufar nada. Que bastante tiene con enchufar multas.
Esto no es una anécdota. Es el resumen perfecto de la clase política española actual: “Hagan lo que yo digo, no lo que yo hago”. Pere Navarro no es un director de Tráfico; es un predicador del Apocalipsis ecológico que, cuando se apagan las cámaras, se sube a su cochecito del demonio y se va a casa tan pancho. Mientras tanto, el ciudadano de a pie paga peajes ecológicos, ZBE, impuestos al diésel y, encima, tiene que leer que “el diésel está sentenciado” de boca de alguien que lo usa como si fuera el último ejemplar de una especie protegida.
En resumen: Pere, si el diésel está tan sentenciado, ¿por qué no lo ejecutas tú primero? Vende los dos coches, coge un patinete eléctrico y demuéstranos que no eres solo otro charlatán con chófer y presupuesto oficial. Porque de momento lo único que has sentenciado de verdad es tu propia credibilidad. Y eso, amigo mío, no tiene marcha atrás.






































