Por fin tenemos la excusa perfecta para explicar por qué en España todo cuesta un riñón y medio: la guerra. Siempre hay una guerra. Si no es la de Ucrania, es la de Irán, si no es Irán, es la sombra de una guerra que aún no ha empezado pero que ya está subiendo los precios del betún como si fuera oro negro.
Según la noticia de El Economista, el precio del betún (sí, esa cosa pegajosa y negra que se echa encima de las carreteras para que no parezcan la superficie de la Luna) ha subido un 50% “por la guerra”. Y eso pone en jaque el plan andaluz de asfaltado de 140 millones de euros. Traducción: las carreteras andaluzas van a seguir pareciendo que han sido bombardeadas… pero no por misiles rusos, sino por la falta de presupuesto y la eterna mala gestión.

La imagen que acompaña la noticia es gloriosa: un tramo de asfalto con un cráter tan grande que podría servir de piscina municipal. Ahí está la carretera española en todo su esplendor: grietas, baches, charcos de agua sucia y un paisaje que invita a practicar rally en lugar de conducir. Uno mira esa foto y piensa: “Esto no es una carretera, es un campo de entrenamiento para tanques… o para los amortiguadores de mi coche”.
Pero tranquilos, ciudadanos. No es culpa del gobierno. Nunca lo es.
- Cuando sube la luz: culpa de Putin.
- Cuando sube la gasolina: culpa de Putin.
- Cuando sube el betún para tapar los agujeros que deja la falta de mantenimiento: también culpa de Putin.
- Si mañana sube el precio de los churros: seguro que es por la tensión en Oriente Medio o porque Zelenski ha tuiteado algo.
El guion es siempre el mismo: pasa algo malo en España → se busca un villano internacional lejano → se declara que “la guerra” lo explica todo → se pide más dinero público (que sale de nuestros bolsillos) → se repite el ciclo dentro de dos años con otra excusa geopolítica.
Mientras tanto, en Andalucía (y en media España), los conductores seguimos haciendo eslalon entre baches como si fuéramos Fernando Alonso en Mónaco, pero con un Seat Ibiza del 2008 y sin patrocinadores. Cada vez que esquivas un socavón de 40 centímetros de profundidad piensas: “Esto lo ha financiado mi IRPF… o mejor dicho, lo ha dejado sin financiar”.
La próxima vez que veáis un cartel que dice “Obras: Disculpen las molestias”, ya sabéis la traducción real: “Disculpen que no hayamos asfaltado esto en condiciones porque el betún está caro por culpa de una guerra que está a 3.000 kilómetros y porque, total, ya nos votaréis igual”.
Y así, entre cráter lunar y cráter lunar, vamos tirando. Porque en España siempre hay una guerra que justifica que las cosas estén como están… menos cuando las cosas van bien. Ah, espera… eso nunca pasa.
¿Alguien tiene el teléfono de Putin para pedirle que baje el precio del betún? Es urgente. Mis amortiguadores y mi columna vertebral lo agradecerían.





































