Señoras y señores, abróchense los cinturones de seguridad emocional porque esto no es un dueto, ¡es un juicio por karaoke! Julio Iglesias, el hombre que ha hecho suspirar a tres generaciones con “Hey”, “Me va, me va” y “La vida sigue igual”, ha decidido que ya está bien de tanto “amor” y ha presentado una demanda de conciliación contra Yolanda Díaz. Sí, la misma vicepresidenta que habla como si estuviera en un chiringuito de la Costa da Morte y que, en un arrebato de “feminismo instantáneo”, lo llamó prácticamente violador con estructura de poder esclavista incluida.
El origen del drama? Una denuncia de dos exempleadas en República Dominicana que la Fiscalía archivó más rápido que un “¡Baila!” de Julio en los 80. Falta de jurisdicción, dijeron. Caso cerrado. Pero Yolanda, que estaba de guardia en Bluesky (sí, Bluesky, la red social que usa la gente que aún cree que Twitter es de derechas), soltó el bombazo: “Escalofriantes testimonios… Abusos sexuales y una situación de esclavitud con una estructura de poder basada en la agresión permanente”. ¡Toma ya! Ni en sus peores letras de Sumar habría quedado tan épico.
El abogado de Julio, José Antonio Choclán (que parece sacado de una novela de Grisham pero con más brillantina), ha ido al juzgado de Instancia Civil de Madrid pidiendo acto de conciliación exprés: que la ministra se retracte públicamente, reconozca el “dañito” al honor del cantante y suelte una indemnización “prudencial” según la difusión alcanzada. Traducción: “O te callas o te querello, guapa”.
Yolanda, que no se puede callar ni con un “¡Qué pasa!” de su tierra, ya ha respondido con su clásico estilo: “Las mujeres ya no nos callamos”. Traducción libre: “Me han pillado con el micrófono abierto, pero sigo en modo altavoz”.
Imagínense la escena en el juzgado: Julio entrando con sombrero panamá, camisa abierta hasta el ombligo y oliendo a colonia de 1978. Yolanda con su jersey de lana gallega y cara de “yo solo defendía a las currantes”. El juez preguntando: “¿Y usted, señora ministra, tiene alguna prueba además de su intuición de izquierdas?”. Silencio. Solo se oye de fondo el “A ti, a ti, a ti…” sonando en la cabeza de todo el mundo.
Mientras tanto, en las redes la gente ya ha montado el meme del siglo: “Julio Iglesias demandando a Yolanda: cuando el ‘amor’ se convierte en ‘demanda’”. Otros proponen un nuevo single: “No me llames abusador, llámame artista”. Y los más crueles: “Yolanda, si querías un crooner con esclavos, haber contratado a un reguetonero”.
Total, que el rey del romanticismo español, el que vendió millones de discos cantando a mujeres como diosas, ahora exige que le reconozcan que NO es el villano de una novela negra caribeña. Y todo porque una política se puso “bocazas mode on” sin mirar el archivo de la Fiscalía.
¿Resultado? O Yolanda se disculpa más rápido que un “Perdóname” de Julio, o esto acaba en querella penal por injurias con publicidad. Y entonces sí que va a sonar la flauta… pero en los juzgados.
¡Que empiece el espectáculo! Porque si algo tiene claro Julio Iglesias es que, después de 50 años de escenarios, nadie le va a pisar el micrófono. Ni siquiera la vicepresidenta “chupi guai”.









































