En un desenlace digno de una telenovela turca con presupuesto de Almodóvar, el universo ha decidido que Risto Mejide, ese gurú de la publicidad que pasó de humillar concursantes en Operación Triunfo a dar lecciones de moral en Twitter , reciba un regalito navideño anticipado: su propio tuit de junio volviéndole a la cara como un boomerang enfurecido. Y el culpable no es otro que José Luis Ábalos, exministro de Transportes, que este jueves se ha mudado a Soto del Real con vistas a la cárcel, maletas incluidas y sin fianza de por medio. Porque sí, queridos lectores, el hombre que Risto defendió a capa y espada (o al menos a tweet y espada) por «falta de pruebas» ahora duerme entre rejas por un «riesgo extremo de fuga». ¡Ojalá el bumerán tuviera alas, porque este vuela solo!
Retrocedamos al fatídico 16 de junio de 2025, cuando el mundo era un poquito más inocente (o al menos, Ábalos aún podía presumir de chalé sin barrotes). Todo empezó con un inocente (ja) piquecito de Javi Cabello (@ciudadanoalt), un tipo que parece haber nacido para repartir estopa digital como si fueran croquetas en una boda. «Oye @ristomejide, ¿vas a pedir perdón por descojonarte de las informaciones sobre el Caso Koldo? ¿O vas a seguir dando ridículas lecciones morales desde tu programita?», le soltó Cabello, citando las carcajadas de Risto ante las «exclusivas» de Ketty Garat en The Objective. ¿El delito de Risto? Reírse a mandíbula batiente de las acusaciones de orgías en el Parador de Sigüenza, mordidas millonarias en contratos de mascarillas y un exministro convertido en rey del mambo corrupto.

Pero oh, ¡qué respuesta épica nos regaló el Mejide! En un hilo que acumuló más likes que un selfie de Kim Kardashian en un gimnasio, Risto no solo no pidió perdón, sino que lo triplicó: «Claro. Pido perdón por no descojonarme todavía más». Y ahí empezó la fiesta. Desgranó, con la precisión de un cirujano plástico operando a un político, cómo la «exclusiva» del vídeo de Ábalos dejando «restos de todo» en el Parador era puro humo –la propia Garat admitió no haberlo visto–, cómo confundieron a una Begoña Gómez con otra (¡error de casting épico!), y cómo el casoplón de Ábalos resultó ser el del vecino, con escrituras que gritaban «¡falso!» más alto que un euroescéptico en Bruselas. «ACERTAR no es INFORMAR, so bobo», remató Risto, dirigiéndose a Cabello como si fuera un concursante de su antiguo Got Talent. Y remató con un guiño a Javier Cárdenas: «Me alegro de que por fin se le entienda algo cuando intenta pronunciar frases subordinadas». ¡Booom! O al menos, eso pensó él.

El hilo de respuestas fue un circo: Cabello contraatacó llamándolo «prepotente» y recordándole sus glorias pasadas humillando a chavalas de 20 años («al menos no me hice famoso así, guaperas»). Otros tuiteros se unieron al aquelarre: uno sacó a relucir cómo Risto llamó «alarmistas» a los que avisaban de la pandemia en 2020, otro lo acusó de ser «una puta del PSOE», y hasta Jacinta Rebolledo soltó un «también creías a tu novia cuando te decía que se quedaba a dormir en casa de una amiga». ¡Pum, pum, pum! El timeline se convirtió en un ring de lucha libre verbal, con Risto como el heel que presume de pureza moral mientras esquiva golpes.
Y ahora, cinco meses después, llega el karma con bata de rayas. El 27 de noviembre, el juez del Supremo, Leopoldo Puente, decretó prisión incondicional para Ábalos y su fiel escudero Koldo García por ese mismo Caso Koldo que Risto tachó de «noticias por desear que fueran ciertas». ¿Pruebas? Ahora sobran: mordidas en contratos de mascarillas por valor de millones, fiestas que harían sonrojar a Calígula, y un exministro que, según la Fiscalía Anticorrupción, tenía un «riesgo extremo de fuga» mayor que un conejo en una paella valenciana. Mientras, Yolanda Díaz aprovecha para clavar un dardo a Feijóo: «En España mandan los ciudadanos, no las élites empresariales». ¡Zas! Pero el dardo más certero es el que le ha caído a Risto: su defensa de «sin pruebas, no hay caso» ahora suena como el «¡esto es un montaje!» de un conspiranoico en una peli de serie B.
Imaginemos la escena: Risto, en su estudio de Todo es mentira, revisando el timeline y viendo cómo ese hilo de junio resucita como un zombie con resaca. «¿Pedir perdón? ¡Si yo era el que cuestionaba sin pruebas!», pensará, mientras su equipo le pasa un café con extra de aspirina. ¿Rectificará? ¿O soltará otro «perdón por no reírme más de que Ábalos esté en la cárcel»? Porque, seamos sinceros, el único que se ha descojonado de verdad es el destino. Y nosotros, que pagamos entrada para este espectáculo.
Moraleja humorística del día: En Twitter, lo que tiras como boomerang puede volver… pero con esposas. Risto, si lees esto, un consejo gratis: la próxima vez, ríete menos y contrata un vidente.





































