En un mundo donde la gente normal se levanta al amanecer para currar como mulas, hay un selecto club de elegidos que viven la vida loca a costa del erario público. Y en la cima de ese Olimpo de los «profesionales del escaño» se encuentra José Manuel García-Margallo, el eterno político que acaba de soltar una bomba nostálgica en X. «Un 23 de febrero hace 45 años…», tuitea el hombre, adjuntando una foto en blanco y negro donde aparece con cara de «acabo de enterarme de que la Transición no es un baile de los 80». ¿Qué celebra? Pues nada menos que su aniversario de bodas con la política, esa novia fiel que le ha pagado las facturas desde que Franco era trending topic.
Pero vayamos al grano: el tuit es un homenaje al 23-F, aquel montaje de golpe de Estado en 1981 que dejó a España en manos del Régimen del 78 y al pobre Tejero gritando «¡quieto todo el mundo!» como si fuera el portero de una discoteca. García-Margallo, por entonces un jovenzuelo con gafas de intelectual y traje a cuadros (¡qué fashion victim de la época!), estaba ahí, en el Congreso, presenciando el espectáculo. Y ahora, 45 años después, lo recuerda con cariño, como si dijera: «¡Qué tiempos aquellos, cuando empecé a cobrar dietas sin sudar la camiseta!».
Un 23 de febrero hace 45 años… pic.twitter.com/HFFd4J9j1N
— José Manuel García-Margallo (@MargalloJm) February 23, 2026
Claro, porque según los críticos (y hay unos cuantos en las respuestas al tuit), Margallo no ha dado «palo al agua» en su vida. ¿Trabajar en el sector privado? ¿Qué es eso, un reality show? No, señor: desde los 70 hasta hoy, ha sido un maestro del arte de la supervivencia pública. Diputado, ministro de Asuntos Exteriores (donde, al parecer, se especializó en exteriores muy lejanos para no molestar), eurodiputado… ¡Un currículum que haría palidecer a un vampiro por lo chupasangres que suena! Imagínense: 45 años de debates acalorados, siestas en el hemiciclo y pensiones vitalicias. ¿Quién necesita un jefe cabreado cuando tienes al contribuyente de jefe eterno?
Las respuestas al tuit son un poema cómico. Uno le dice: «45 años mamando del bote sin dar palo al agua». Otro: «Gracias por coger una España octava potencia mundial y dejarnos un país lleno de miseria y moros». ¡Y hay hasta gifs de gente durmiendo en el escaño! Es como si X se hubiera convertido en un bar de tapas donde todo el mundo le tira cañas al pobre Josema. «Enhorabuena, boomer de mierda», le espeta otro. ¡Ouch! Si esto fuera un combate de boxeo, Margallo estaría contando estrellas desde el suelo.
Pero seamos justos: ¿es tan malo vivir de lo público? En España, la política es como una lotería: si te toca, ¡bingo para toda la vida! Margallo no es el único; es solo el que ha tenido el valor (o la inconsciencia) de presumir de ello en redes. Mientras el resto de mortales luchamos por llegar a fin de mes, él celebra su «jubileo de tocagüevismo» (palabra inventada, pero pega, ¿no?). Quizás deberíamos aplaudirle: en un país de parados crónicos, él es el rey de los «empleados indefinidos». ¿Su secreto? Una dieta estricta de discursos vacíos, fotos vintage y cero remordimientos.









































